Los Cinco irrumpen en agenda parlamentaria de la izquierda alemana

olfgang Gehrcke, del partido Die Linke, encabezó la audiencia parlamentaria en torno a Cuba. (Foto: Raúl Garcés Corra / Cubahora)

olfgang Gehrcke, del partido Die Linke, encabezó la audiencia parlamentaria en torno a Cuba. (Foto: Raúl Garcés Corra / Cubahora)

Todo es ahora agitación en el Parlamento alemán. Los diputados recorren de un extremo a otro los pasillos del Reichstag para asegurarse de que participan en cuanta reunión o encuentro informal les permite avanzar en su cabildeo. Los partidos afinan las campañas, los políticos alistan sus agendas, el lobby es tan intenso que uno podría suponer imposible cualquier acción ajena al evento en el que la totalidad de los parlamentarios han colocado su punto de mira: las elecciones del próximo 22 de septiembre.

El Partido Die Linke (La Izquierda) está activamente sumergido en ese proceso. Sería suicida que no lo hiciera, dentro de un contexto donde el avance del reformismo, la competencia entre diferentes visiones políticas y el anticomunismo cultivado en la Alemania de los últimos veinte años, amenazan con reducir el peso de esta fracción, que cuenta hoy con 76 diputados.

En medio de tanto ajetreo legislativo, que Die Linke dedique una audiencia a hablar de Cuba, y especialmente al caso de los Cinco, dice mucho de una amistad que ha pasado por duras pruebas, y en esa misma medida se ha fortalecido.

La fracción ha escrito una carta que pretende enviar al Fiscal General de los Estados Unidos exigiendo la libertad de Fernando, Ramón, Antonio y Gerardo,  y la hace circular entre sus diputados para que la firmen.  Podría pensarse que la misiva será acogida solo por los izquierdistas, pero ya se rumora que se sumarán a respaldarla representantes de otras tendencias políticas. “Ustedes tienen amigos por todas partes, dice un diputado de Die Linke. No nos ponemos celosos por eso”.

Cuando tenía apenas 8 años, Laura Labañino vio cómo un oficial migratorio norteamericano le arrebataba un pintalabios y lo pisoteaba hasta romperlo, en busca de supuestos dispositivos de espionaje.  Era la primera vez que viajaba a los Estados Unidos a ver a su padre y no pensó que le tocaría llorar desconsoladamente antes de verlo. Sin embargo, aprendió muy pronto la lección: el camino por la libertad de los Cinco estaría plagado de obstáculos, y solo podría enfrentarlo con una ilimitada fortaleza de espíritu.

La hija de Ramón Labañino, que con 20 años irrumpe ahora en el Parlamento alemán para reclamar justicia en torno al caso, está curtida en la pelea de la comunicación y la política. Sabe cómo decir mucho en poco tiempo y cómo conquistar el interés de una audiencia que, mientras más conoce la historia de su padre, más dispuesta parece a ayudar. De hecho, la misiva que enviarán al Fiscal Eric Holder pone el dedo en la llaga respecto a varias denuncias: los periodistas pagados en Miami para predisponer a la opinión pública durante el juicio, las reiteradas negativas de visa a Adriana para visitar a su esposo Gerardo Hernández Nordelo, y en general, las violaciones a los derechos humanos de los luchadores antiterroristas  en sus respectivas cárceles.

Además de la carta, varios parlamentarios alemanes podrían viajar a la jornada de solidaridad con los Cinco en Washington que tendrá lugar entre el 30 de mayo y el 5 de junio. Por lo pronto, ya lo ha confirmado la diputada Heike Haensel, quien pregunta repetidamente a los miembros de una delegación  de visita por estos días en Berlín, qué más puede hacer por Cuba.

MUCHO MÁS QUE UNA ISLA

En términos de imagen, Cuba se debate para los alemanes entre dos percepciones contrapuestas: por un lado la cultura, fuente de admiración y simpatía para los diferentes sectores del país. Por otro, un estereotipo político que le estigmatiza desde tiempos inmemoriales: “dictadura” y “falta de libertad”,  totalitarismo”…

Tal vez por eso jóvenes como Sebastián decidieron trascender las etiquetas e irse a la Isla para vivirla en primera persona. Cansado de lo que llama “la maldición de los medios”, estudió durante cinco años en la Facultad de Historia y Filosofía de la Universidad de La Habana. Hoy le conoce a Cuba virtudes y defectos, pero, en todo caso, admite una distancia abismal entre sus vivencias y lo que dicen habitualmente los periódicos.

Acortar ese trayecto es uno de los propósitos que reúne con frecuencia a los grupos de solidaridad. A diferencia de la realidad de otros países, muchos cubanos trabajaban en la República Democrática Alemana (RDA) cuando decidieron establecerse aquí y, andando el tiempo, consiguieron nuclear las simpatías por Cuba en un movimiento cada vez más amplio y vigoroso.

A él se sumó recientemente Diego Rey, un español que ha decidido probar suerte en Alemania tras desistir de encontrarla en su natal Barcelona. La crisis económica le llevó a andar durante meses por calles, parques y trenes subterráneos con su guitarra a cuestas, intentando encontrar en la música una fuente de sustento. Pronto entendió que la España del desempleo, cuyos índices de paro sobrepasan el 50% en el caso de los jóvenes, no tenía lugar para un trovador como él.

Tampoco el destino final será Alemania, donde la barrera del idioma levanta un muro entre sus canciones y el público. Pero al menos en Berlín sobrevive y sobrelleva la tristeza por lo que dejó atrás, mientras alimenta la esperanza de encontrar futuro. “Amar será una vergüenza/si no cambiamos el mundo dentro de nuestra cabeza”- canta frente a decenas de cubanos que le han acogido como uno más  desde el pasado mes de septiembre.

Como millones de inmigrantes y los propios habitantes oriundos de este país, Diego Rey espera que los vendavales financieros no lleguen a Alemania con la misma fuerza que ha afectado a otras naciones europeas. Probablemente ese sea el mayor capital político que acumula Angela Merkel, favorita para las venideras elecciones. De cualquier manera, el debate sobre la eliminación de las prestaciones sociales, el aumento del desempleo y la incertidumbre que se cierne sobre el status laboral de muchos jóvenes, se anuncian como campanadas de la crisis que empiezan a doblar frente a la Puerta de Brandenburgo.

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