Una política educativa de infinito amor

La Educación Especial, más que un tipo de enseñanza, implica toda una política educativa. Foto: Anabel Díaz Mena / Cubahora

La Educación Especial, más que un tipo de enseñanza, implica toda una política educativa. Foto: Anabel Díaz Mena / Cubahora

Una enfermedad congénita cegó los ojitos de Reinier Guzmán Frómeta, un adolescente que transitó por la escuela especial Abel Santamaría, y ahora cursa exitosamente el bachillerato en la enseñanza general. Le gusta el deporte, la música, pero aún es pronto para decidir qué carrera estudiará.     

Historias similares a la de Reinier se encuentran en cualquier rinconcito de nuestro país, pues la Educación Especial  —que este 4 de enero celebra su aniversario 52—  no solo brinda a cientos de niños y  jóvenes la posibilidad de continuar estudios, sino también los prepara para la vida laboral.

Tal es el caso de Julio Jesús, un autista que labora como auxiliar general en la escuela Dora Alonso;  de Ida Valdés, que lo hace en la institución Enma Rosa Chuy para niños con diagnóstico de retraso mental, o de Zita Rojas de Almeida y Lourdes Enamorado, dos muchachas con Síndrome de Down que atienden el teléfono y la recepción en la José Antonio Aguilera Maceira.

Hoy este subsistema del Ministerio de Educación cuenta con todo el apoyo gubernamental necesario, lo cual se evidencia en el número de instituciones escolares (369 en todo el país) y en la cantidad y calidad del personal docente que tributa sus servicios (15 489, de ellos 9 913 frente a aula).

UNA FORMA DE ENSEÑAR

Según Moraima Orosco, directora nacional de la Educación Especial y Doctora en Ciencias Pedagógicas, un principio esencial,  y al mismo tiempo un reto, es garantizar la calidad de vida de estas personas discapacitadas.

Para alcanzar tal propósito es fundamental la aceptación e integración plena, el hecho de tener las mismas oportunidades que el resto en cuanto a lograr metas significativas, así como brindarles la posibilidad de participar en aquellas decisiones que afectan sus vidas.

Con vasta experiencia en este campo, al cual le ha dedicado años, Orosco también considera imprescindible tener muy en cuenta los contextos donde estas personas se desenvuelven: la familia, la comunidad escolar (profesores, directivos, alumnos, familias); la escuela (su estructura, métodos de trabajo), y la comunidad en la zona de residencia.

Refirió otras modalidades de la educación especial, tales como la atención en las aulas hospitalarias, alumnos con maestros ambulantes, círculos infantiles y salones especiales, y los hogares de niños sin amparo familiar.

La Educación Especial, más que una red de centros y un tipo de enseñanza, implica toda una política educativa, requiere una didáctica para personas con necesidades educativas especiales en cualquier contexto en que se encuentren.  Es, pudiéramos decir, una forma de enseñar, enriquecida  por el empleo de todos los recursos necesarios, los apoyos y la creatividad que cada caso requiera, subrayó la directora nacional el 4 de enero de 2012 durante un acto de homenaje.

UNA OBRA DE INFINITO AMOR

En todas las alternativas y variantes de atención sobresale la figura del maestro, que en esta educación realiza una obra de infinito amor, condición indispensable para realizar el trabajo.

Miles de educadores y educadoras le han dedicado a la Educación Especial los mejores años de sus vidas. Y esa permanencia en el sector les ha dado las herramientas necesarias para cumplir un trabajo exitoso en la atención de las diversas discapacidades que existen en nuestro país, la más común de ellas el retraso mental.

Por eso no es difícil hallar trayectorias como la de Ana María Gómez González, actualmente directora de la escuela Enma Rosa Chuy, quien acumula alrededor de 40 años en educación, 20 de ellos en la propia institución.

Para nosotros lo más importante es el desarrollo máximo de las potencialidades de los escolares. No nos apoyamos en las carencias, sino en las posibilidades. La formación integral de su personalidad —aseguró— no solo en conocimientos, sino en la educación en valores: la honestidad, el amor al trabajo. Ese es el egresado que soñamos.

Otro anhelo es la preparación para la vida útil e independiente. “Esto significa no solo saber calcular, escribir, sino tener elementos de cómo comunicarse, tener una familia, ser capaces de defender la Patria, de ahí la responsabilidad de nuestro centro, de atender al niño en el contexto en que se encuentre”.

UN POCO DE HISTORIA

Antes de 1959 las escuelas o centros especiales generalmente eran de carácter privado o estatal, subvencionados por patronatos. En realidad eran asilos y solo atendían un número insignificante de niños. Según datos oficiales, existían 134 alumnos en la Educación Especial, ubicados en 8 escuelas, tres de retraso mental, cuatro de sordos y una para ciegos.

En la década de los años 50, en Santiago de Cuba, se creó la primera clínica psicopedagógica, cuyo fin era la evaluación y el diagnóstico de los escolares con dificultades en el aprendizaje.

A partir de 1959 se crearon las primeras escuelas y se aumentaron las capacidades, hasta una cifra de mil. La instauración de esta red de centros en todo el país es uno de los grandes logros de la Revolución.

Tomado de Cubahora

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