La llama del 24 de febrero #Cuba #JoséMartí

24-febreroEl 24 de febrero de 1895, con los albores del día, se iniciaba en Cuba una nueva carga por la independencia contra el colonialismo español, organizada amorosa y abnegadamente por José Martí y con  la participación de insignes patricios de la Guerra de los Diez Años, iniciada en 1868.

Al fin se encendía la llama de la tan esperada Guerra Necesaria, como la denominara el Maestro, que debía ser rápida y eficaz, para conjurar peligros en ciernes.

En los preparativos, los cuales ocuparon intensamente los tres años precedentes, Martí cumplió un peregrinar por varios países de Centroamérica, desde Estados Unidos, buscando la unidad y participación de preclaros jefes mambises. Un camino no exento de espinas ni de sacrificios.

También encendió el patriotismo de obreros emigrantes cubanos, los buenos tabaqueros de Tampa, Cayo Hueso, de loable e importante contribución a los fondos de la lucha.

Mediante el alzamiento casi simultáneo de combatientes mambises en 35 localidades, fundamentalmente del Oriente, Cuba continuaba la obra iniciada el 10 de octubre de 1868 en La Demajagua  por Carlos Manuel de Céspedes.

Como el retomar de un proceso liberador único, así lo miraba el Delegado del Partido Revolucionario Cubano, según el criterio de analistas estudiosos de su pensamiento y acciones tempranas en la vida.

El primer grito del 24 fue en Colmenar de Bayate, Manzanillo, comandado por el General Bartolomé Masó, quien al amanecer izó la bandera cubana en una finca de su propiedad allí ubicada y estableció campamento.

Si los manzanilleros fueron los primeros en la jornada, en cuanto a relevancia militar cupo a los patriotas de Guantánamo reverdecer laureles por el éxito de sus iniciales acciones combativas, protagonizadas por el bisoño Enrique Tudela y 12 valientes mal armados con la toma del fortín de Hatibonico.

Pero hubo alzamientos a la manigua en San Luis, Alto Songo, El Cobre, en los lindes de Santiago de Cuba, Palma Soriano, Yara, Bayamo y comunidades de Holguín,   Las Tunas, Baire y Jiguaní se alzaron en horas de la tarde, y no por demora, sino porque así se cumplían las instrucciones del destacado jefe mambí,  Guillermón Moncada, uno de los primeros en aceptar participar en el alzamiento.

En la zona occidental hubo levantamientos en Ibarra (Matanzas), Jagüey Grande y Aguada de Pasajeros.

De acuerdo con lo orientado por el Apóstol en la Orden del Alzamiento remitida clandestinamente a Juan Gualberto Gómez, desde Nueva York, el comienzo de la guerra debía hacerse en la segunda quincena de febrero, a más tardar, de manera simultánea o casi simultánea en diversos puntos del archipiélago.

Dicen que Quintín Banderas sugirió desde Cuba que fuera el 24 de febrero, domingo de carnaval. Menos las regiones de Camagüey  y Las Villas, incorporadas más tarde a la contienda, los gritos libertarios cubrirían casi todo el territorio nacional.

Camagüey no lo haría de inmediato, al igual que La Habana y Pinar del Río, por no tener condiciones para ello.

La legendaria Yara marcó su impronta con el alzamiento de 80 insurrectos, quienes entraron a punta de machete en el poblado e hicieron acopio de armas.

De manera que los historiadores preconizan que el 24 de febrero fue, justamente, el grito de independencia o muerte de todos los cubanos, y no debe concebirse con  nombre  alguno que privilegie a una región sobre otra, pues así no sucedieron los acontecimientos y así no lo concibió el Apóstol. Esto último es inequívoco.

La llama encendida otra vez no pudo ser apagada por el colonialismo español. El primero de abril de ese año desembarcaron el general Antonio Maceo, Flor Crombet y José Maceo y el 11, por Playitas de Cajobabo, Martí y Máximo Gómez.

Aunque Martí, alma de la revolución, murió al comienzo de la contienda el 19 de mayo de 1895 y Maceo, el siete de diciembre del 96, la gesta libertaria cobró fuerza y se desarrolló exitosamente  hasta agosto de 1898.

La  independencia  ganada por los cubanos, tras derrotar limpiamente a España en el campo de batalla, fue frustrada empero  por la intervención estadounidense y la guerra imperialista cubano-hispano-americana desatada por el norteño país.

Entre las hazañas históricas del 95 se inscribió la famosa campaña de Oriente a Occidente, liderada por los jefes mambises Máximo Gómez y Antonio Maceo, que extendieron la guerra a toda la Isla, con decisivas victorias del Ejército Libertador.

Y entre las lecciones, nuevamente aparece la luz larga y el genio del Maestro, quien trabajó desde los preparativos con énfasis y convicciones por la unidad de los patriotas, sabedor de que su carencia había sido talón de Aquiles en la guerra anterior (1868-1878).

Su muerte temprana le impidió que se lograra ese anhelo.

La voluntad de luchar contra la amenaza que Estados Unidos representaba  para Cuba y los países de América, fue otra de las luces que el Apóstol dio desde la campaña del 95. Todavía hoy es vigente y preclara. (Imagen: Archivo)

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