La camagueyanidad un principio de la ética y esperanza

Florida, 2 feb.- Santa María del Puerto del Príncipe fue el nombre que los conquistadores españoles dieron a la villa fundada y trasladada con posterioridad a varias regiones de la extensa llanura del centro este de Cuba. Asentamientos aborígenes determinaron en fin que naciera de forma definitiva entre los ríos Tínima y Jatibonico, en el actual Camagüey.

Tierra adentro, Santa María fue la villa principeña, pero Camagüey como término se impuso como justicia del aborigen ante el conquistador, y fue cuna de literatos, juristas, ganaderos y hombres de negocios; fue naciendo con la arquitectura de iglesias y casonas con patios soleados y tinajones, una escena lugareña, vívida y feliz hasta lo contemporáneo.

Pintores, poetas, ingenieros, médicos de la dimensión de Carlos Juan Finlay y Orfilio Peláez, patriotas de la talla de Ignacio Agramonte, mujeres de letras, música y amor como Ana Betancourt, Gertrudis Gómez de Avellaneda y Amalia Simoni hacen de la camagueyanidad un principio de la ética y esperanza.

La otrora villa Santa María del Puerto del Príncipe cumple hoy 504 años y el sentimiento de lo camagüeyano se eterniza en las obras hermosas de esta ciudad.

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