Es la hora del recuento y de la marcha unida

Florida, 24 feb. – A 123 años del reinicio de las guerras por la independencia nacional, el pueblo cubano ratifica su convicción de luchar y vencer, y de no aceptar yugos, tutelas ni chantajes de ningún gobierno extranjero.“La patria es ara, no pedestal…”. Así definió José Martí a la obligación de cada hombre de dar hasta la vida si fuera necesario en defensa de la libertad, la soberanía, la dignidad y la integridad del suelo que lo vio nacer y crecer.

Fue ese mismo principio  el que engendró en el  Apóstol la convicción de reanudar la guerra independentista en Cuba, luego de vivir en carne propia y acumular experiencias dolorosas sobre el devenir histórico de su pueblo.

Martí presentó, como argumentos irrebatibles, el sufrimiento y la infamia impuestos por cinco siglos de yugo colonial español, junto al ideario político y la clarividencia surgidas del estudio insaciable de las virtudes y errores nacidos del intento sublime de los mambises  que fueron a la manigua en el 68 para emancipar  a la nación y dotarla de todos los derechos humanos, sociales y estaduales como país independiente.

Tuvo el Apóstol, y lo conserva todavía a 123 años del reinicio de las batallas por la independencia nacional el 24 de febrero de 1895, el merito supremo de aglutinar a los cubanos en torno al ideal de emancipación y desprecio por el dominio extranjero.

Nadie imagine que fue fácil para José Martí lograr el consenso de los patriotas, allegar recursos, sumar y comprometer a los incrédulos, enamorar a los jóvenes, convencer a los veteranos de su doctrina libertaria y crear un gigantesco movimiento de apoyo a la causa revolucionaria.

Lo hizo en medio de la más estrecha vigilancia española, apoyado en colaboradores, hombres y mujeres de la emigración, tabaqueros e integrantes del Partido Revolucionario Cubano surgido al calor de los preparativos de la guerra; observados con recelo por el ojo ambicioso del imperio naciente, y en lucha colosal contra las pugnas y rivalidades que dieron al traste con el heroísmo del 68.

Gómez y Maceo, Maceo y Flor Crombet, el propio Martí frente al Titán de Bronce y otros. Varios compatriotas de valía tuvieron desacuerdos entre sí en diferentes momentos de la tregua fecunda pero la Patria,  Madre Suprema de todo hombre, y el deseo de su bienestar por sobre cualquier condición sirvieron de bálsamo y cemento para juntar brazos, fusiles y convicciones profundas en el nuevo grito de ¡Viva Cuba libre!, que estremeció a los campos de nuestra isla antillana  a partir del 24 de febrero de 1895.

Amor sin límites a la causa revolucionaria, paciencia, dignidad a toda prueba, intransigencia en la protección del ideal de justicia social  y batalla por la unidad dentro de las diferencias, constituyeron fortalezas en la concreción de la guerra necesaria, encabezada por los veteranos de mil campañas al frente de “Los Pinos Nuevos”.

Hoy, a 123 años de aquel 24 de febrero, la patria los contempla orgullosa y se alista para nuevos retos y contiendas de los cuales sin lugar a dudas saldremos victoriosos, impulsados por el ejemplo de Martí, Maceo, Gómez y Fidel, y acompañados por el General de Ejército Raúl Castro y el resto de los herederos y protagonistas de las mejores tradiciones de lucha del pueblo cubano.

El llamado a las urnas para el próximo 11 de marzo, la constitución de la Asamblea Nacional el venidero mes de abril, donde se producirá el anunciado traspaso generacional en la conducción del gobierno Revolucionario, la construcción de un socialismo prospero y sostenible “con todos y para el bien de todos” y la resistencia contra los poderes de la mafia anticubana conjurada con la Casa Blanca demandan la estirpe mambisa y la seguridad fidelista de que “No existe fuerza en el mundo capaz de vencer la fuerza de la verdad y las ideas.”

En ese camino, como dijera el propio Martí, “Se necesita ahora, más que nunca, templos de amor y humanidad que desaten todo lo que hay en el hombre de generoso y sujeten todo lo que hay en él, de crudo y vil.

Tampoco olvidaremos el apoyo incondicional al resto de las naciones del planeta y en especial del continente “para evitar a tiempo, con (nuestra independencia), que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América..”

Frente a la amenaza y el odio enfermizo de las derechas del hemisferio, ¡Venezuela no está sola!. Cuba es Venezuela y Venezuela es parte de Cuba…“En Venezuela nació América… y La América, -dijo Martí, – ha de promover todo lo que acerque a los pueblos, y de abominar todo aquello que los aparte….”

Como en el 95, cuando brilló el compromiso de nuestro pueblo con la libertad suprema, hoy, ante el cumulo de circunstancias y amparados por las conquistas de la Revolución victoriosa “Es la hora del recuento y de la marcha unida… y hemos de andar en cuadro apretado como la plata, en las raíces de los Andes”.

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