La Colmena TV

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La Habana, 18 sep.- El segundo ciclo de La Colmena tv culminó el domingo y nuevamente quedaron confirmadas las virtudes de una realización que dignifica ética y estéticamente al medio televisual cubano.

Más que concurso, el espacio clasifica como un programa de participación. La competencia no es lo más importante, aunque genere expectativas y reacciones entre contendientes y públicos. Los estallidos emocionales de quienes conquistan los primeros lugares se difuminan en un clima donde prevalece la confraternidad, jamás la pugna.

No hay vencedores ni vencidos, todos ganan: concursantes, artistas invitados, mentores, guías, músicos, el público que asiste a las grabaciones y el que sigue las incidencias por la pantalla doméstica. Ganan en valores humanos.

A diferencia de otros certámenes, aquí no se mide quién canta, baila o actúa mejor, sino la vocación, la solidaridad, la entrega, la autenticidad, el trabajo en equipo.

No puede ser de otro modo cuando lo que está en juego es la filosofía que Carlos Alberto Cremata ha puesto en práctica desde que fundó La Colmenita. Este es quizá uno de los proyectos pedagógicos más originales, fecundos y necesarios de cuantos se hayan llevado a cabo a favor de la formación extracurricular de la niñez y la adolescencia en nuestro país.

Nótese la fecha del punto de partida: 14 de febrero de 1990. Cuba se hallaba a las puertas de una etapa que puso a prueba la resistencia y las convicciones de muchos. Mientras algunos frotaban manos ante la posibilidad de un colapso social irreversible y otros echaban por la borda valores, Cremata y su madre, Iraida Malberti, esa gran artista cuyo ejemplo siempre estará presente en los empeños del colectivo y, por supuesto, también en el alcance del programa televisivo, trabajaban por sembrar y multiplicar ideas y sentimientos. El 2 de abril de 1994, con la puesta en escena de Meñique en el teatro Karl Marx, La Colmenita se vistió de largo.

El lema de La Colmena tv es el que ha animado cada una de las acciones de La Colmenita: tener talento es tener buen corazón. Conforme la misión de la compañía no pasa por estimular la futura formación profesional de sus integrantes –aunque no quita que algunos hayan seguido ese camino–, sino propiciar el crecimiento espiritual desde el arte, el programa televisivo tampoco aspira a descubrir futuros cantantes, actores y bailarines: en primera y última instancia se trata de descubrir en el canto, el baile y la actuación modos de entender la identidad, el sentido de pertenencia y la cultura como necesidad.

No obstante, deben cuidarse estas proyecciones. He observado cierta tendencia mediática, ostensible también en determinadas comunidades donde residen los niños ganadores, a exacerbar los resultados individuales y subrayar las potencialidades de desarrollo artístico. Esto no es saludable ni encaja con el espíritu del programa.

Martí está en el centro de La Colmena tv. Frases del Apóstol se inscriben en los galardones, el conocimiento de su vida y obra recorre cada estación del espacio televisual e inspira a los participantes. En la emisión del cierre de la segunda temporada fue emocionante ver a estos en la escuela donde Martí estudió bajo la tutela de Rafael María de Mendive. Y con Martí está Fidel, quien admiró y reconoció tempranamente el trabajo de Cremata y los colmeneros.

En términos de realización audiovisual, La Colmena tv cuenta con atendibles atributos: una escenografía funcional que facilita el despliegue del espectáculo, una fotografía de primera línea a cargo de Vladimir Barbarán, un soporte musical coordinado y dirigido por René Baños, y una puesta en pantalla dinámica en la que se conjugaron la experiencia de Danilo Sirio, el oficio de Roly Peña en la toma de exteriores, el guion de Jaime Forte y la concepción general de Cremata. El compromiso y prestigio del jurado, integrado por el actor Osvaldo Doimeadiós, la directora coral Carmen Rosa López y el repentista Emiliano Sardiñas contribuyeron a la altura del programa. Por cierto, el ingenio de las décimas de Emiliano al dar a conocer los veredictos sazonaron la velada final. Con ese mismo grado de compromiso interactuaron con los niños figuras indiscutibles de la vida musical cubana, como Beatriz Márquez, José Luis Cortés, Mayito Rivera y Rolando Luna.

En próximos ciclos habrá que perfilar mejor el repertorio. Se escucharon temas que no se ajustan al universo infantil, aunque es obvia la intención de asumir música cubana apta para todas las edades. Atender a esos detalles redondearía el programa.

(Granma)

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