Andy Cruz nunca está a la defensiva

 Andy Cruz nunca está a la defensiva


Andy Cruz nunca está a la defensiva

La Habana, 17 oct.- No es un secreto para nadie que el mejor boxeador cubano del momento es el matancero de los 64 kilogramos Andy Cruz Gómez. Este carismático peleador se ha ganado, a puro esfuerzo, tal condición dentro de la preselección cubana, conjunto donde existen hombres de reconocido palmarés en la presente década.

A pesar de que todavía no ha llegado a la mejor etapa en su carrera deportiva, este joven de 23 años, oriundo del poblado de Alacranes, en el municipio de Unión de Reyes, se encuentra invicto desde diciembre del 2015, cuando perdió en semifinales ante el agramontino Kevin Brown, durante el 54 torneo Playa Girón, celebrado en Camagüey.

Andy, quien se ha convertido en un púgil reconocido en cuanto evento se presenta, dedica tiempo para conversar con aficionados de cualquier edad, incluso, sobre cuestiones alejadas de los cuadriláteros, pues gusta de opinar y escuchar criterios de deportes como el fútbol o el béisbol. Sobre el extraordinario momento por el que transita su carrera, el campeón mundial de Hamburgo 2017 dialogó con este diario.

–¿Cómo llegas al boxeo?

–Cuando era niño no me inicié por el boxeo, comencé practicando el kárate. Eso fue porque era algo intranquilo en la escuela y me gustaban mucho las películas de artes marciales protagonizadas por el actor Bruce Lee. Por eso me apunté en ese deporte, donde estuve casi un año.

«Mi acercamiento al boxeo fue un poco casuístico, ya que cuando me sentaba en casa para ver la televisión en varias oportunidades observé peleas de Mario Kindelán y quedé sorprendido por su forma de boxear.

Aquello me llamó la atención, me gustaba su estilo de combate, además, en esa época tenía varios amiguitos del barrio que me embullaron a matricular en el boxeo.

«Yo acepté y nos fuimos para ese deporte, tenía unos diez años. Hablé con el entrenador de kárate y le dije que me iba para el boxeo, y… mira cómo son las cosas, el cambio me vino muy bien. En mi grupo era uno de los más bajitos, pero no tenía miedo a pelear con niños de mayor tamaño, en verdad no le temía al golpe del contrario.

«Los entrenadores se dieron cuenta de que poseía condiciones para sobresalir en esta disciplina, por lo que fueron trabajando conmigo de manera sistemática, buscando un resultado. Dos meses después de comenzar la práctica del boxeo en mi pueblo natal, asistí a un torneo provincial en la ciudad de Matanzas. Esa fue mi primera competencia, terminé con medalla de plata y por mis condiciones boxísticas matriculé en la Academia Provincial».

–¿Cómo fue la transición en tus primeros años?

–Cuando entré en la Academia me propuse sobresalir, por eso me dediqué a entrenar de manera seria. Me apegué a las indicaciones que me daban todos los entrenadores, como Libán Blanco. Tenía mucho que aprender y me sentía motivado.

«Fui al Campeonato Mundial Juvenil-2012, en Armenia, y allí perdí discutiendo medalla de bronce contra un rival de China. Como esa fue mi primera competencia internacional, no me sentí defraudado por el resultado que conseguí. Lo tomé como un evento para ganar en experiencia, esa derrota no marcaría mi vida deportiva».

–¿Pensaste llegar a donde te encuentras hoy?

–Mentiría si digo que no pensaba en obtener grandes resultados en el boxeo. Desde el primer momento me propuse sobresalir, pero eso requirió y requiere de mucho trabajo en el entrenamiento, con sacrificio personal. Hay que tener voluntad, no para llegar, sino para poder mantenerme, porque en Cuba existen rivales de nivel como Jorge Moirán y Kevin Brown.

«Los objetivos siempre estuvieron trazados en mi mente, ser campeón del mundo, titular olímpico y una figura establecida. La primera meta ya se cumplió, la tercera se está cumpliendo, que es la más difícil, y por cómo logre manejar mi carrera se realizará el sueño de ganar el oro en Tokio 2020».

–¿Cómo recuerdas tu etapa en los 56 kilogramos?

–En esa división me di a conocer tanto en Cuba como en el exterior, la recuerdo con agrado. Llegué a ser la primera figura en una etapa en que no lo esperaba, pero me preparé para asumir la responsabilidad si el principal hombre en ese peso no podía hacer el grado. Por eso yo entrenaba bien fuerte, sabía que el número uno era Robeisy Ramírez, por lo que sentía una gran motivación para competir. La calidad en la división de los 56 kg no podía bajar.

–¿Qué sentiste al renunciar a los 56 kg cuando tenías el boleto hacia los Juegos Olímpicos Río 2016?

–Fue un momento muy duro, contaba con el pasaje directo hacia Río 2016. El sueño estaba en mis manos, pero ya no podía hacer 56 kilogramos, me costaba mucho rebajar para cada competencia, esa ya no era mi división y faltaban diez meses para los Juegos.

«Cada competencia me era más difícil por el tema del peso, ya no aguantaba más. No podía ser un capricho el mantenerme en los 56 kilogramos para ir a unos Juegos Olímpicos, eso era una locura que atentaba contra mi salud. Por eso decidí dejar los 56 kg y pasar a los 64 kg, con resignación tuve que dar ese paso por mi propio bien.

«En los pesos ligero-welter empecé desde abajo. En esta categoría había a finales del año 2015 cuatro hombres de gran calidad: Yasniel Toledo, Luis Oliva, Brown y Moirán. Yo confié en mis posibilidades, necesitaba tiempo para adaptarme al nuevo peso, porque es una forma de boxear un poco distinta a los 56 kg.

«En el Playa Girón del 2015 obtuve medalla de bronce, me sentí satisfecho, ya que no esperaba sacar una presea en ese momento. Pero tenía que seguir mejorando, estaba lento en mis desplazamientos, incluso regalaba un par de kilogramos en la pesa. Aquello era una cuestión de tiempo y el entrenamiento diría si yo podría o no. Me alisté para ganar fuerza con mi pegada e incrementar la masa muscular. El trabajo que mi entrenador Emiliano Chirino hizo conmigo fue extraordinario, a él le debo el excelente estado en que estoy».

–¿Cómo valoras a Kevin Brown y Jorge Moirán?

–Ahora son los dos rivales de mayor consideración que tengo dentro de Cuba. Son muy buenos, con características diferentes, situación que me obliga a prepararmte de forma individual para cada uno de ellos. Nunca regalan nada, salen con todo frente a mí y eso me permite mantener un alto nivel en cada combate. Moirán es más difícil de vencer porque tiene mayor movilidad y no puedo descuidar la defensa ante él, ya que posee una buena pegada.

–Desde que perdiste en el Girón del 2015 has cosechado una cadena de combates invictos ¿Te sientes presionado por ello?

–Eso es algo que ha salido de manera natural. Estoy consciente de que cuando se alcanzan resultados importantes la afición te exige más y más. Ahora, como estoy invicto desde hace casi tres años, el reto es mayor. El éxito tras esta racha se fundamenta en que me preparo por igual para cada torneo, no importa si van rivales de calidad o no. Yo salgo a presionar a cada oponente, no les puedo regalar espacios, ni permitirles que lleven la iniciativa. No es un problema de estar presionado, eso no me pasa. Cuando subo al ring tengo la preparación física necesaria y el 100 % de concentración ante el adversario.

–¿Quién es el boxeador internacional más difícil para ti?

–El uzbeco Ikboljon Kholdarov, plata mundial en el 2017. Sin embargo, lo he vencido las tres veces que nos hemos cruzado, porque me acomodo a su estilo de pelea y trabajo sobre las debilidades que él ha presentado en cada uno de los combates que desarrollamos. Yo aplico distintos recursos boxísticos contra cada rival, hay que probar y probar, pero siempre atacando, nunca estoy a la defensiva.

–¿Cómo manejas la popularidad?

–Es verdad que cuando se alcanza la fama muchas personas se te acercan, quieren una foto, un autógrafo o entablar una charla amena. Hay personas que te admiran y otros que quieren aprovecharse de ti. Con todas esas realidades tenemos los deportistas que convivir.

«En mi caso, lo que hago es escuchar todos los consejos que me den las personas, luego interiorizo aquellos que llevan como objetivo ayudarme en mi boxeo y en mi vida personal. La familia también me apoya para que la fama no obstruya mi trabajo en este deporte. Mi madre es un pilar fundamental, ella siempre está indicándome cosas, me señala lo bueno y lo malo. Hace todo lo que tiene que hacer una buena madre con su hijo, apoyarlo en cada momento».

–¿Tus entrenadores?

–Son varios y cada uno ha puesto su experiencia para que hoy Andy Cruz triunfe en un deporte que necesita gran dedicación. No quiero que se me quede un nombre sin mencionar, sería injusto. A todos los que me tuvieron y me tienen bajo su mando, desde Gustavo Delgado en el Combinado Deportivo de Alacranes hasta Emiliano Chirino en el equipo nacional, les tengo que agradecer sus consejos, sus advertencias y sus enseñanzas.

(Granma)

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