Sin duda alguna somos, y seremos continuidad

Sin duda alguna somos, y seremos continuidad

Sin duda alguna somos, y seremos continuidad.  FOTO/Pedro PAREDES HERNÁNDEZ

EDITORIAL. 
Este 10 de octubre, cuando se cumplen 151 años del inicio de las Guerras por la Independencia de la nación cubana, y en medio de la batalla que libra nuestro pueblo frente al recrudecimiento de la agresión imperialista y genocida del gobierno de los Estados Unidos, una consigna se levanta desde las entrañas de nuestra tierra sagrada y se multiplica en las voces de millones de compatriotas: ¡Somos Continuidad!

Y lo somos de manera indiscutible, porque la bandera primigenia, la voluntad de independencia o muerte, el ideal de justicia para todos, el espíritu de sacrificio y la intransigencia revolucionaria que proclamó Carlos Manuel de Céspedes en su ingenio Demajagua, en aquella misma fecha de 1868, y que luego se multiplicaron por los campos de batalla durante más de 10 años de lucha, continúan vivos en la memoria, en la realidad y en la conciencia de cada cubano digno.

Somos, y seremos continuidad, porque nada ni nadie podrá arrancarnos la herencia de gloria y de altruismo legados por el Padre de la Patria cuando renunció, como tantos otros, a la opulencia y la riqueza para entregarse íntegro a la causa de la libertad.

Nada, ni nadie, podrá borrar nuestra admiración y respeto por el arrojo y el amor de Ignacio Agramonte, por el internacionalismo de Máximo Gómez y por el valor y la intransigencia de Antonio Maceo.

Cada uno de ellos nos acompaña hoy en las nuevas batallas por la soberanía y la integridad de nuestro sistema político y social, junto a los miles de combatientes que integraron las filas del ejército mambí en la manigua redentora, los que siguieron su ejemplo en la guerra del 95, los que cayeron en la gesta contra la dictadura Gerardo Machado y los que nunca se rindieron en la generación del Centenario, en la guerrilla de la Sierra, en la defensa de Playa Girón, en la epopeya de África, y a lo largo de 60 años de combates contra la agresión del imperialismo yanqui.

Las campanas del 10 de octubre y su impronta insoslayable resuenan hoy más que nunca cuando la Asamblea Nacional se reúne en esta jornada para cumplir y hacer cumplir el mandato de la nueva Constitución aprobada por el pueblo cubano, heredera legítima de aquella primera Carta Magna proclamada en Guáimaro, poco después del alzamiento independentista.

Resuenan en la unidad y el apoyo popular mayoritario a las medidas y orientaciones del Partido Comunista y de la Dirección del Estado para superar la actual coyuntura de emergencia energética que vive el país, provocada por el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero de la Casa Blanca y la imposición absurda y extraterritorial del Capítulo Tercero de la Ley Helms- Burton.

El repicar del bronce sublime de La Demajagua y los gritos de Viva Cuba Libre tienen y tendrán continuidad de igual forma en el masivo respaldo comunitario al recién iniciado Proceso de rendición de cuenta del delegado a sus electores; en la demanda de producir más alimentos; en el perfeccionamiento de los servicios, y en las garantías crecientes de educación, salud y seguridad social para todos los cubanos.

El gesto inmortal de Carlos Manuel de Céspedes el 10 de Octubre revive cada día en la solidaridad con Venezuela y con el resto de los pueblos del mundo que defienden su libertad y sus derechos, en la sonrisa de nuestros niños, en la tranquilidad ciudadana de la Patria y en la voluntad de hacerla más próspera y sostenible, sin renunciar jamás a las conquistas del Socialismo.

¡Sin duda alguna «Somos, y seremos continuidad», porque tanto Raúl Castro Ruz como el Presidente Miguel Díaz- Canel Bermúdez se mantienen firmes y fieles a las ideas y conceptos del eterno Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en la vanguardia de un pueblo capaz de resistir y vencer cualquier obstáculo por grande y peligroso que sea.

Evocamos en esta jornada la palabra del Apóstol José Martí cuando nos dijo: ¡Unámonos, ante todo, en esta fe; juntemos las manos en favor de tal decisión, donde los enemigos las vean y las teman (…)!

No levantamos hoy bandera nueva, ondeamos desde hace más de medio siglo la misma insignia que enaltecieron los patriotas del 68, y nuestra determinación eterna, frente a la tumba de los héroes, es aquella que en el transcurso de 151 años de luchas nos mantiene de pie rumbo al futuro: ¡Independencia o Muerte! ¡Viva Cuba Libre!

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