Unidos continuaremos luchando por todos y por el bien de todos

Si me preguntaran cuál es el principio que más peso y consecuencias ha tenido en la historia de las luchas por la independencia y la soberanía de la patria cubana, sin duda alguna y en primer lugar, colocaría siempre a la unidad.

Fue esta la palabra convocada por el patricio Carlos Manuel de Céspedes el 10 de Octubre de 1868 cuando liberó a sus esclavos y los llamó a incorporarse a la naciente insurrección popular en busca de conseguir la libertad de la nación oprimida por el yugo español.

Fue también la unidad el cemento que aglutinó a los cubanos de todos los credos y estratos sociales durante casi 10 Años en la manigua inclemente y pletórica de victorias y sacrificios, hasta que su olvido, la ambición individualista, el regionalismo y la sed de poder personal dieron al traste con una de las páginas más gloriosas de la historia nacional.

Sin embargo, fue José Martí el encargado de levantar las banderas de la unidad para salvar el espíritu independentista del pueblo cubano, a partir de una labor titánica para lograr la cohesión de los patriotas, dentro y fuera de la isla, en la preparación de la guerra necesaria, la del 95; organizada en las entrañas de un monstruo que nunca miró con buenos ojos la rebeldía y el empuje redentor de esta tierra antillana.

Fueron la división, el recelo y la traición a las ideas supremas de la libertad lo que permitió que el imperialismo norteamericano se adueñara del inminente triunfo de los mambises en 1898, para luego asestar un golpe demoledor a la patria cubana con la disolución del Ejército Libertador, la imposición de la enmienda Platt y de gobiernos serviles, junto a la neocolonización durante más de medio siglo.

Pero en 1953, en medio del apogeo de la humillación norteña amparada por la tiranía batistiana, se levantó Fidel con la Generación del Centenario para devolver al país la esperanza y la dignidad perdidas.

Nuevamente brilló la unidad en la gesta del Moncada, se mantuvo firme durante la prisión de los asaltantes, se multiplicó en el clandestinaje, se fortaleció con el arribo del yate Granma, y llegó a su cumbre durante la lucha en la sierra y en el llano, hasta alcanzar la independencia definitiva con el triunfo de la Revolución el Primero de enero de 1959.

Desde entonces y hasta hoy, esa misma unidad inquebrantable fue la que salvó a nuestro pueblo en las arenas de Playa Girón, lo hizo grande en los días de la Crisis de Octubre de 1962, impuso respeto ante la agresividad imperialista, fue clave para preservar el socialismo en la etapa más cruda del periodo especial en los años 90 del siglo pasado, y al cierre del 2019 mostró nuevamente su valía frente a la nueva arremetida de la Casa Blanca con la exacerbación de su bloqueo injusto y genocida.

Toda esta relatoría muestra el porqué de nuestro aprecio y defensa de la unidad en cualquier coyuntura. Lo hicimos antes, y lo haremos siempre porque conocemos, como pocos en el mundo, que no existe fuerza insuperable, ni obstáculo temible, ni enemigo poderoso si todo un pueblo se une para luchar contra ellos, y mucho menos cuando lo hace como el cubano: seguro siempre de alcanzar la victoria, con todos y para el bien de todos. Pedro Pablo Sáez Herrera/Radio Florida

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