Pandemia y vejez: La importancia del trato

Pandemia y vejez: La importancia del trato

La Habana, 15 jun.- Ya hace varios meses que la pandemia, y las correspondientes medidas de prevención y atención ante la Covid-19, han ido modificando la forma de vivir y de convivir, y todo ello en un tránsito rápido.

De hecho, si nos hicieran un test psicológico acerca de la percepción del tiempo transcurrido, probablemente y dada la intensidad de los sucesos que han acontecido, diríamos que nos parece una eternidad; pero no es así, ha sido muy rápido.

En solo un trimestre del año el mundo ha cambiado, prácticamente se ha paralizado, en condiciones de encierro de grandes poblaciones, con altas cifras de afectación en enfermos, en una relación insostenible de consumo-producción y de muchas vivencias de desesperanza y de alarmas. Un mundo además convulso por decisiones de varios gobernantes con mirada perdida y lo que es peor, ignorando las demandas en salud urgentes de sus países.

Si en este 15 de junio Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato a los Mayores tuviera que resumirse la mayor indignación al respecto de este tema, sin dudas lo serán los miles de adultos y adultas mayores que en otros lugares carecieron del derecho a ser asistidos en las unidades de terapia intensiva, e igualmente dolorosa la partida de centenares en residencias geriátricas, sin posibilidad de despedidas de sus seres queridos.

Por tanto, pasará a la historia como el año en que lo invisible del viejismo se hiciera tan visible como lo es morirse por ser viejos, en las puertas de la salvación.

Pero no todo lo acontecido al respecto de la edad apunta hacia esos casos más extremos, pues el tema del trato a los mayores durante la pandemia ha presentado diversos matices, y que son también importantes como objeto de análisis y reflexiones.

En lo personal, como profesora e investigadora del tema, creo que habrá que hablar de la Gerontología antes y después de la Covid-19 y por varias razones.

Una de ellas, es por supuesto, el hecho de haber sido declarada a las personas mayores como población de mayor vulnerabilidad por los factores de comorbilidad asociados, los cuales, efectivamente, han demostrado que, aunque no somos la mayor cantidad de contagiados, sí somos los que mayor cantidad de fallecidos hemos aportado. De ahí que, quienes nos atienden optaron por la máxima protección de nosotros y cuando aparecen las medidas de aislamiento y el Quédate en Casa fuimos los primeros en ser ubicados en nuestros hogares.

Durante estos meses hemos sentido de todo: desde poca percepción del riesgo en un inicio por unos y hasta miedo y ansiedades por otros, aunque ya las investigaciones van mostrando que han primado comportamientos más resilientes o reajustados en las personas mayores, que en los otros grupos poblacionales.

La Gerontología postcovid deberá estudiar las reconstrucciones de bienestar psicológico de esta generación atravesada por las vivencias atrapadas bajo el mal llamado aislamiento social junto a las que se comienzan a producir en las distintas fases de la desescalada. Pero ¿por qué hago referencia a las reconstrucciones de bienestar psicológico si las personas aparentemente son las mismas?

He ahí otra razón por lo cual la Gerontología ha de profundizar en el impacto de la pandemia y es porque aún cuando haya sido con las mejores intenciones el aislamiento, ha violentado procesos que ya se habían logrado en el campo gerontológico.

En el transcurso de este proceso de la pandemia, ha ido apareciendo una segunda vulnerabilidad de la población adulta mayor. Ya no vulnerabilidad de carácter biológico con riesgo para la vida, sino una segunda vulnerabilidad, pero con riesgo para la autonomía, en terreno todavía minado de gerofobia y bajo supuestos sociales, más geriátricos que gerontológicos.

Se ha retornado al uso de cuidar a “los abuelitos”, se han impuesto rutinas y custodias a las personas mayores sin contar con ellas por parte de muchas familias, se nos ha vuelto a infantilizar en el lenguaje de muchos, a subestimar nuestra capacidad de decisión de asumir con responsabilidad este proceso, se han ponderado miradas desde la dependencia y la absoluta fragilidad, y todo ello desde la ignorancia de las diferentes subgrupos de edades dentro de la vejez, así como, de la diversidad existente, dentro de este grupo poblacional.

¡Un No al viejismo! constituye motivo de campañas que ya hoy acompañan el transcurso de la pandemia y muy especialmente, durante el proceso de desconfinamiento que va comenzando a producirse, en la región y fuera de ella.

Un no a la violencia, aunque sea de esas denominadas “con buenas intenciones” pues para los mayores el necesario Quédate en Casa ha sido mal manejado por algunos de sus familiares y hasta por especialistas y comunicadores.

Aprovechemos este periodo de tanta visibilidad a las personas mayores en vocación humanista de protección de la vida, para también promover la capacidad de decisión consciente y voluntaria que poseemos las personas mayores.

Es menester llamarnos a una plataforma que continúe trabajando por entornos amigables y por la persona mayor cubana como sujeto de derechos y de deberes, autónoma, activa y participativa, desde lo diverso y lo inclusivo, y lo más importante: como parte de la trama social del país, por una cultura gerontologica libre de discriminación, de exclusión y paternalismo.

Un día dedicado por el mundo para el tema del trato a los mayores es muy noble para Cuba por su voluntad política, lo cual no exime que tengamos que seguir trabajando en adecuar la representación social acerca del envejecimiento y la vejez y promover la no existencia de cualquier forma de maltrato, ya sea de tipo emocional, físico, negligencia, abandono o de abuso patrimonial, en algunas familias y cuidadores.

Sigamos con disciplina y voluntad, autocuidado y responsabilidad individual, compromiso y responsabilidad social, solidaridad y agradecimiento.¡Reflexionemos sobre estos temas!

Solidaridad y agradecimiento que jamás nos faltará, pues a pesar de las carencias del país en recursos materiales hemos sido privilegiados en estrategias de atención y no solo para aquellos que viven solos o muy alejados.

Solidaridad y agradecimiento que jamás nos faltará, porque a los viejos cubanos nunca nos cerrarán las puertas de la salvación.

(CubaDebate)

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