Levantemos el muro de la solidaridad ante las actitudes perversas

Florida, 31 jul.- En tiempos difíciles resulta imprescindible poner de moda la solidaridad, esa que en la Cuba revolucionaria y socialista nos trajo hasta el presente, unidos, y sin doblegarnos frente a bloqueos imperiales, agresiones enemigas y vernáculas, o períodos especiales donde se puso a prueba nuestra capacidad de salvarnos juntos, en el mismo carro, y con el único plato de frijoles repartido entre todos.

La virtud de compartir lo que se tiene y servir a los demás formó parte siempre del ADN de este pueblo.

Cuando los criollos comenzaron a pensar en un país mejor y fomentaron el pensamiento liberador ya se daban los primeros pasos de esa pasión por el bienestar colectivo que luego desencadenó en actos de amor supremo hacia el resto de la humanidad, como los protagonizados por Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo, José Martí, Antonio Guiteras, Ernesto Che Guevara, Camilo Cienfuegos y Fidel Castro, por sólo citar algunos de los héroes y mártires que entregaron hasta la vida por el bienestar colectivo en este archipiélago y mucho más allá.

En la década de los años 90, cuando los agoreros del “norte revuelto y brutal” pensaron que todo se iba a acabar aquí, luego del derrumbe del campo socialista, resistimos como hombres y mujeres dignos y peleamos como fieras por el futuro de los hijos con una dieta mayoritaria compuesta de croquetas, pizzas y discos de yuca, frijol carita, arroz precocido, tenca asada y otros productos de difícil digestión, que al ser compartidos con amor y solidaridad, nos permitieron transitar por el filo de la navaja y continuar el camino sin entregar las banderas de la soberanía y la independencia.

Hoy, cuando el mismo bloqueo se siente con mayor peso en la economía general y doméstica, junto al golpe mundial provocado por la pandemia de la COVID-19, ciertos gusanos, vampiros de baja ralea y algunas lampreas de tierra firme buscan implantar entre nosotros el señorío del egoísmo y del sálvese quien pueda, sin detenerse a pensar siquiera en cuánto han recibido del esfuerzo común en su propio beneficio y en el de sus familias.

Enfrente de tales actitudes ha de levantarse el muro de la solidaridad, construido con las manos, la inteligencia y la voluntad de los buenos, de los que saben querer, como dijera Martí, de los que saben que lo imprescindible, como lo ha sido nuestra salvación ante la fiereza del nuevo coronavirus, es invisible a los ojos, pero se alcanza únicamente cuando se mira y se piensa con el corazón, sin manchas en la conciencia, y con la seguridad de que sólo juntos saldremos adelante una vez más. (Pedro Pablo Sáez/Radio Florida)

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