Cuando la justicia está en peligro, se pelea

Florida, 9 ago.- José Martí lo dijo en su momento al hablar sobre los desmanes de los representantes de la metrópoli española en cuba, y cito: “hay que cargar los barcos con esos gusanos que le roen el hueso a la patria”. Nosotros remedamos tal sentencia cuando afirmamos que hoy más que nunca es preciso cargar sin tregua contra los canallas que intentan acorralar al pueblo saqueándole el bolsillo y lucrando con los bienes y recursos del país destinados para el beneficio común.

Y no hablo solamente de los coleros, revendedores y acaparadores demasiado consentidos durante mucho tiempo, y que ahora mismo reciben el rechazo colectivo en medio de un combate encabezado por los Destacamentos de Vigilancia Revolucionaria en tiendas y mercados estatales, iniciativa está, que alerto: No puede ni debe enfriarse ni viciarse con el tiempo, cuando se sabe que aquellos que se acostumbraron a vivir del sudor ajeno y del trapicheo se mantienen al acecho, esperando que baje la marea del control oficial y popular para recuperar su productivo empleo de sanguijuelas sedientas de dinero fácil.

En este sentido el respaldo valiente y mayoritario de nuestro pueblo en la calle y en el barrio se constituye el basamento para el triunfo en la actual coyuntura, sin dejarse engañar por los cantos de sirena de revendedores y fariseos que tratan de posar como única solución a las necesidades de la familia floridana, o por aquellos que en redes sociales y en otras tribunas de mala fe intentan denigrar el esfuerzo del gobierno cubano por lograr que salgamos adelante sin perder la soberanía, con todos y para el bien de todos.

El bloqueo imperialista sigue vivo, se recrudece cada vez más, aprieta, limita las opciones, quiere asfixiarnos, desalentarnos, destruirnos; quienes le hacen el juego desde aquí adentro con su actitud egoísta y miserable no merecen un ápice de respeto ni consideración alguna.

Por esa razón es preciso situar en lo más alto las banderas de la solidaridad, la vergüenza y el trabajo honrado como fuente única de riqueza y prosperidad personal.

Pero dije que no hablaría sólo de coleros y revendedores. Denunciamos también sus fuentes de abastecimiento. Señalamos a esos que dentro de un almacén, desde un puesto administrativo o con acceso a mercancías y bienes de uso y consumo de primera necesidad son émulos de Mandraque el mago, malabaristas, oportunistas y falsificadores de lo humano y lo divino, hipócritas de cuello duro, ladrones de monta mayor que se corrompen, trafican, desvían, falsifican, abastecen el mercado negro y pudren lo que tocan con su ambición nefasta y su doble moral.

Contra ellos tiene que levantarse también con poderío aplastante el brazo de la denuncia, de la justicia y del combate institucional sobre la base del reclamo y del apoyo del pueblo trabajador.

Entre cielo y tierra no hay nada oculto para siempre; quien busca, con rigor, encuentra; y las piedras que enfangan el rio altruista de la Revolución más humana que existió jamás, están ahí, muchas veces a la vista de tantos, solo hay que desenmascararlas y extirparlas con la autoridad competente y los mecanismos previstos para ello.

No es este humilde comentarista quien lo pide: el eterno comandante en jefe Fidel Castro Ruz lo alertaba casi 20 años atrás desde el Aula Magna de la Universidad de la Habana donde afirmó: “Esta Revolución no la puede destruir nadie desde afuera, sólo nosotros podríamos autodestruirla si permitimos que ciertos gusanos sigan royendo el hueso de la patria”, y de acuerdo con el Líder histórico de la Revolución: “seria culpa nuestra”.

Igual como empezamos, nos vamos ahora con José Martí, porque como él nos hemos propuesto decir únicamente la verdad, y nada más que la verdad, pésele a quien le pese, y sean cuales fueran las consecuencias.

“No hay hombres más dignos de respeto que los que no se avergüenzan de haber defendido a la patria con honor: Ni sujetos más despreciables que los que se valen de convulsiones públicas para servir, como coqueta, su fama personal o adelantar, como jugadores infames, en su interés privado”.
Cuando la justicia está en peligro, se pelea, como estamos peleando.

(Pedro Pablo Sáez/Radio Florida)

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