Fidel a los músicos: Para que las diferencias desaparezcan y todos sean, antes que nada, autores cubanos

Fidel a los músicos: Para que las diferencias desaparezcan y todos sean, antes que nada, autores cubanos

La Habana, 23 sep.- Para rendir un merecido homenaje a nuestros cantantes y recordar que Cuba es y siempre ha sido música, Cubadebate y el sitio Fidel Soldado de las Ideas les proponen un fragmento de un discurso que diera Fidel hace 59 años a los cantantes populares. Para leer el texto íntegro, que también habla sobre la patria potestad y las agresiones de Estados Unidos hacia Cuba pinche aquí.

Discurso pronunciado por Fidel Castro en el Acto de entrega de premios a los ganadores del Concurso de Canciones Populares inspiradas en la Revolución, en el teatro «García Lorca», el 19 de septiembre de 1961.

Compañeros y compañeras del Instituto Cubano de Autores Musicales;
Compañeras y compañeros revolucionarios:

Hoy ha correspondido la oportunidad de rendir un merecido homenaje a nuestros autores musicales. Es la segunda reunión de carácter nacional que tenemos con un grupo de artistas. Los criterios de la dirección revolucionaria sobre los problemas del arte se han ido exponiendo a través de estos actos.

El Instituto Cubano de Autores Musicales significó para ese sector de nuestro país, antes que nada, una justa y profunda reivindicación. Se organizó para varios fines, pero entre otros librar a los autores musicales de la explotación.
¡La Revolución es la liberación del hombre de la explotación del hombre por el hombre!

Y aquí en nuestra patria, donde tantos cubanos eran explotados, los autores musicales eran también ignominiosamente explotados. Muchos parásitos vivían de la inteligencia y del espíritu creador de nuestros autores musicales. Y nuestros autores musicales, algunos de los cuales habían obtenido prestigio internacional y sus nombres recorrían el mundo, vivían en nuestro país poco menos que en la indigencia. Sus obras producían, sus obras eran interpretadas en Cuba y fuera de Cuba, y a ellos no les llegaba apenas nada del fruto de su trabajo. Por eso, lo más urgente era garantizar el derecho de cada autor a recibir los frutos de sus obras.

Primeramente, esa explotación debía desaparecer aquí en el propio país donde eran burlados esos derechos; y, al mismo tiempo, garantizar para los autores cubanos la percepción de sus derechos en cuanto a la difusión internacional de sus obras.

Claro está que los enemigos de la Revolución, el gran enemigo de la Revolución, el imperialismo yanki, también trata de perjudicar a ese sector de nuestro pueblo y crea dificultades a las medidas y a los propósitos tendientes a garantizar sus derechos.

En cuanto a ese aspecto, al aspecto económico, de los objetivos del Instituto Cubano de Autores Musicales, ese objetivo se va cumpliendo plenamente. Y nosotros sabemos de los éxitos que han alcanzado los compañeros que dirigen esa institución en favor de las reivindicaciones de los autores.

Un compañero nuestro, autor del himno del 26 de Julio, que tantas veces era interpretado, recibió un día la agradable sorpresa de que era acreedor a determinados ingresos por concepto de autor del himno del 26.

El compañero querido de nuestra Revolución, el compañero comandante Juan Almeida, cuyas dotes de compositor o de autor musical se las tenía tan calladas, que nosotros vinimos a descubrirlas después del triunfo de la Revolución… Y el compañero Almeida tengo entendido que contribuye a la reforma agraria también con una cantidad determinada de sus ingresos correspondientes a sus obras musicales. ¡Y tengo entendido que ha escrito como ocho o diez más!

Y hasta para gran sorpresa mía, me contaron de un disco donde, según se afirma, hay unos pensamientos de la Revolución, ¡y hasta a mí me convirtieron en medio autor musical! Porque alguien me preguntó: «¿Tú has compuesto alguna canción últimamente?» No. No sabía nada. Y resulta que eran unos pensamientos de algún discurso, o de algo revolucionario, y lo habían puesto en disco también.

Por todas esas cosas, esas referencias, nosotros hemos sabido del esfuerzo que ha hecho el instituto para mejorar las condiciones de vida de los autores. Y el instituto se propone seguir adelante en ese esfuerzo tan justo y tan necesario. Porque todavía uno no se explica bien cómo había tan buenos autores en nuestro país tan mal pagados.

Ahora bien, ¿quiere decir que ese es el único fin del instituto? No. Nosotros tenemos algunas ideas, discutidas con los compañeros que tienen que ver con estos problemas del arte y de la cultura, y hay un punto en que nosotros queremos insistir aquí hoy —hoy que necesitamos el tiempo, porque con el permiso de ustedes vamos a tratar también de otras cuestiones que son de interés nacional. Pero hay algo que nosotros en esta reunión, en este hermoso acto de esta noche, debemos proponer. Está relacionado con una circunstancia que interesa a ustedes y le interesa a la Revolución.

El instituto tiene en estos momentos unos 700 miembros. Ha existido un poquito de diferencia, ha existido un poquito de división —y nosotros aquí debemos tocar los puntos con franqueza— entre los autores populares y los autores sinfónicos. La mayoría aquí es popular, la mayoría son autores populares.

¿De qué se puede derivar esa pequeña división? Puede haber culpa de parte y parte, puede ser que en parte los autores de la llamada música sinfónica, música culta, miren a veces con un poquito de menoscabo el trabajo de los autores populares. Pero también ocurre a veces que los autores populares miran con prejuicio a los otros autores. Y como consecuencia de esos prejuicios es que se deriva esa cierta división que, en realidad, debe desaparecer. ¿Por qué?

¿Cómo concebir esa división entre los artistas? Hay que luchar para que esas diferencias desaparezcan, hay que luchar para que todos los autores sean, antes que nada, eso, todos, sin diferencias de ninguna clase, autores musicales cubanos. Y tanto unos como otros deben poner de su parte.

Para los que no están bien informados sobre estas cuestiones, conviene explicar qué ha sido hasta hoy, es decir para el pueblo, un autor musical popular. Pues ha sido un cubano que vino al mundo con vocación de artista, no tuvo oportunidad de ir a ninguna escuela. Almeida antes de ser comandante era albañil, trabajaba en obras de construcción; Almeida no tuvo oportunidad de ir a ninguna escuela, Almeida no tuvo oportunidad de ir a ninguna academia, pero tenía inspiración musical, y un día —yo no sé cuál día sería ese, posiblemente escribió muchas en otros tiempos, porque también había eso, de que costaba trabajo, no había facilidades— se puso a escribir y a crear una canción popular.

Pero Almeida, cuando concibe una canción, tiene que buscar un músico para que le escriba la canción. Y eso que ocurre con el compañero Almeida ocurre con la mayor parte de los autores populares. Yo creo que este es el puntico más difícil de toda esta disertación mía de esta noche aquí.

Entonces, ¿qué pasa? Que magníficos autores, de inspiración elevada, no pueden escribir la música que ellos conciben. Y ese es un problema serio, no el problema en sí; el problema es que hay muchos autores que dicen —y el mismo Almeida lo dice— que si se ponen a estudiar música se les muere la musa.

Hay viejos autores musicales que se han pasado toda la vida escribiendo, que tienen prestigio y tienen fama, y ellos dicen que cómo se van a poner a estudiar música ahora, esa música de do, re, mi, fa, sol, la, si, y todo eso; que a ellos ya no hay quien los haga estudiar música.

Ahora, ante esa situación nosotros tenemos dos alternativas: una es darnos por vencidos, y decir: que sigan siendo autores musicales toda la vida, y no estudien ni una nota musical, o nosotros hacer un esfuerzo porque los autores musicales estudien.

Hay una cosa: nosotros estamos completamente seguros, a pesar de lo que diga el compañero Almeida, de que si hubieran tenido oportunidad de estudiar música, habrían estudiado música y habrían aprendido música, y podrían escribir su propia música.

Pero ahora nosotros les queremos hacer una pregunta a ustedes: en medio del proceso de la Revolución, con el esfuerzo que hace la Revolución por educar al pueblo, con el esfuerzo que hace la Revolución por superar el pueblo, con el esfuerzo que hace la Revolución para llegar a las metas más ambiciosas en la vida cultural de nuestro país, la posición nuestra, de los dirigentes de la Revolución, tiene que ser una posición de luchar para que los autores se superen.

Es decir, ¿qué queremos nosotros? Queremos que los autores populares estudien. Yo no sé si algún autor musical se va a poner bravo con nosotros porque nosotros queramos que estudien. Eso no quiere decir que hay que obligar a nadie a estudiar; ni siquiera en la alfabetización se ha obligado a nadie a estudiar. Hay gentes que dicen: me doy por vencido, cuando ha estado todo el mundo convenciéndolo. Hay que convencer a los autores que estudien.

Pero, además, no basta con convencerlos, hay que darles facilidades para que estudien; pero además, hay que idear métodos adecuados para que estudien.
Y, por lo pronto, lo siguiente: ya nosotros tenemos en el instituto a todos los autores, ¿verdad? ¿Por qué? ¿Cómo? ¡Ah!, ¿tú? ¿Qué tú no eres del instituto? Pero te pagan, te pagan. ¡Pero déjame ver quién es, chico! ¡Ah!, ¿cómo tú te llamas?… Bueno, pues bien, Zoila va a apuntar el nombre tuyo allí, y te va a citar allá, al instituto, para que expliques tu caso.

Bueno, quiere decir que, con excepción de este compañero, los autores están en el instituto —¡inscríbete pronto!— Porque yo iba a proponer una cosa, y es que nosotros cerremos el circuito. ¿Por qué? Para establecer una condición para ingresar en el instituto. ¿Qué les parece? La condición para que los nuevos ingresos en el instituto, los nuevos ingresos, tengan que saber música. ¿Qué les parece?

Es decir, que la Revolución encontró un gran número de autores populares; organizó el instituto, empezó la lucha por lograr las reivindicaciones económicas, luchas por defender los derechos de todos esos autores. Es decir, la Revolución se encontró con aquellos autores, procedente la inmensa mayoría de familias humildes, que no tuvieron la oportunidad de lograr ir a una escuela, o de lograr un profesor de música para ellos.

Llegó la Revolución, ingresaron todos en el instituto, tienen sus derechos reconocidos por el instituto, el instituto lucha por ellos. Pero bien: ahora no es como antes; ahora hay oportunidad de estudiar para todos, ahora las circunstancias no son las mismas, luego nosotros debemos establecer un requisito para ingresar de ahora en adelante —y por eso te decía que te apuraras para ingresar— en el instituto de autores populares.

¿No les parece a ustedes que eso corresponde al principio educacional de la Revolución? ¿Estamos acuerdo? Bueno, que levanten la mano los que están de acuerdo. Y que levanten la mano los que no estén de acuerdo… no, de veras, si alguno tiene alguna objeción que hacer la podemos discutir aquí.
Bien.

(CubaDebate)

 

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