Fidel en la creación de los CDR: “Cada uno de nosotros somos soldados de la patria”

Fidel en la creación de los CDR: “Cada uno de nosotros somos soldados de la patria”

La Habana, 28 sep.- “Si alguno se preguntara cuál es el misterio de esta Revolución, no podría haber otra respuesta que el hecho de haberse apoyado en las masas, masas organizadas, imprescindibles todas”.

Fidel (2003)

Casi un millón de personas, congregadas frente al antiguo Palacio Presidencial (hoy Museo de la Revolución), escuchaban al entonces primer ministro Fidel Castro Ruz en la noche del 28 de septiembre de 1960 cuando se oyeron varias explosiones. Entonces, los allí reunidos respondieron con vivas a la Revolución y entonaron las notas del Himno Nacional.

Esa misma noche, al término del discurso, nacían los primeros Comités de Defensa de la Revolución (CDR), suigéneris organización que seis meses y varios días después desarticularía a los elementos que pretendían servir de quinta columna a la brigada mercenaria derrotada en Playa Girón.

A continuación fragmentos del discurso de aquella histórica noche. Para leerlo entero pinche aquí. Más abajo en video.
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Hay que esforzar la imaginación para tener idea siquiera de la campaña que en todas las revistas, en todos los periódicos, en todas las estaciones de radio y televisión y por todos los medios de publicidad que se han inventado, se realiza sistemáticamente, incesantemente contra Cuba y, sin embargo, los cubanos, los dominicanos, los puertorriqueños, los latinos en general y los negros de Harlem se mantienen firmes.

Son los grupos más explotados y más oprimidos por el imperialismo en su propio suelo y constituye un fenómeno tan extraordinario que impresiona profundamente y hay que ver cómo desde que nuestra delegación a cualquier hora del día o de la noche comenzaba a transitar en los automóviles por el barrio de Harlem, desde el instante en que aparecía el primer hombre negro, comenzaban a alzarse los brazos para saludarnos.

Y hay en la propia entraña del imperio 20 millones de negros oprimidos y explotados, y cuyas aspiraciones no se pueden satisfacer con un puñado de dólares, es un problema mucho más serio, porque sus aspiraciones solo se pueden satisfacer con justicia .

Y nosotros, en reciprocidad de la hospitalidad que recibimos, hemos invitado a visitar a nuestro país a 300 representativos de los negros de Estados Unidos, para que conozcan de cerca la obra de la Revolución y para que vean de cerca lo que es un país donde hay justicia.

Pero hay también muchos ciudadanos norteamericanos, sobre todo hombres de pensamiento libre, escritores ilustres, gente honesta que han tenido el valor de expresar públicamente allá mismo sus simpatías por la Revolución Cubana a través de un Comité Pro Justo Trato para Cuba, que han integrado y que agrupa hombres de los que más brillan y valen en Estados Unidos y hay también en Estados Unidos mucho obrero humilde y explotado, hay también en Estados Unidos muchos pequeños agricultores extorsionados por los monopolios y por los garroteros de ese país, que son monopolios de garroteros.

Hay que haber vivido 10 días en la entraña del monstruo imperialista, para saber que monopolio y publicidad es allí una sola cosa y como nosotros somos enemigos de los monopolios, como nosotros hemos chocado con todos los monopolios más poderosos del imperio, unánimemente, con muy pocas y honrosas excepciones, los órganos de publicidad nos combaten, mas no nos combaten con razones, porque razones, de eso sí que carecen; nos combaten con mentiras, con todo género de falsedades, con todo género de invenciones, que nos recuerdan, nos recuerdan nuestros días ingenuos, nuestros días ingenuos de cuando creíamos aquí las historietas que nos hacían las agencias imperialistas de información, las revistas de los monopolios, los periódicos de los monopolios, los muñequitos de los monopolios, las películas de los monopolios, las consignas de los monopolios, los embustes de los monopolios, los cuentos de camino de los monopolios, los atracos de los monopolios, los saqueos de los monopolios, los robos de los monopolios, los crímenes de los monopolios, las sinvergüencerías de los monopolios, los ultrajes de los monopolios, las humillaciones de los monopolios, porque de lo ingenuos que éramos nosotros, nos habían hecho creer que el atraco era bueno, que el robo era noble, que la explotación era justa y que la mentira era verdad y que la verdad era mentira.

Y toda esa propaganda falsa es la propaganda que llueve incesantemente sobre el pueblo norteamericano; como a nosotros antes, lo tratan de engañar y de confundir incesantemente.

Periódicos independientes, periódicos que digan la verdad, ¡no!, allí no pueden existir; periódico que diga la verdad se queda sin anuncios; periódico que diga la verdad lo arrasan las agencias de publicidad que están absolutamente bajo el control de los monopolios y ese es el sistema que allí prevalece. Jamás una crítica sana; jamás una apreciación correcta.

Todo está movido por el afán de lucro, por el interés material, por el dinero, por lo que le van a pagar pulgada a pulgada por la propaganda, y por eso se explica el resultado. Y uno de esos resultados es la histeria que han creado en una parte del pueblo, histeria que no se concibe cómo puede vivirse bajo esa especie de rabia espumeante con que vive alguna gente en aquel país; ¡y qué distinto, qué distinto el resultado cuando el pueblo está bien orientado, cuando el pueblo conoce la verdad, cuando el pueblo lucha por algo y para algo, cuando la vida de los pueblos tiene un sentido, cuando un pueblo tiene un ideal, cuando un pueblo tiene algo por lo cual luchar! ¡Qué distinto el resultado!

Nosotros tenemos la más completa seguridad de que a pesar de todos los agravios que hemos sufrido, a pesar de todas las agresiones que ha soportado nuestro país, si aquí, por ejemplo, estuviera la sede de las Naciones Unidas, ningún ciudadano insultaría a un solo visitante, ningún acto de hostilidad se perpetraría contra ninguna delegación, porque en ese momento los cubanos sabríamos que había llegado la oportunidad de demostrar ¡que somos mil veces más decentes que los imperialistas!, ¡que somos mil veces más caballerosos que los imperialistas! , ¡que somos mil veces más hospitalarios que los imperialistas! , ¡y que somos un millón de veces más honrados que los imperialistas! Porque cuando se tiene honor, lo que se muestra es eso: honor; cuando se tiene decencia, lo que se enseña es eso: decencia; y cuando se tiene vergüenza, lo que se muestra es eso: vergüenza. Pero, cuando lo único que se posee es desvergüenza e indecencia, ¡lo que se muestra es eso: desvergüenza e indecencia!

Nosotros vimos vergüenza, nosotros vimos honor, nosotros vimos hospitalidad, nosotros vimos caballerosidad, nosotros vimos decencia en los negros humildes de Harlem.

(Se oye explotar un petardo) ¿Una bomba? ¡Deja…! (Exclamaciones de: «¡Paredón!, ¡Paredón! ¡Venceremos!, ¡Venceremos!») (Cantan el Himno Nacional y cantan: «¡Viva Cuba!, ¡Viva la Revolución!»)

Ese petardito ya todo el mundo sabe quién lo pagó, son los petarditos del imperialismo. Creen… claro, mañana le irán a cobrar a su señoría y le dirán, le dirán: Fíjate bien, fíjate bien, en el mismo momento en que estaban hablando del imperialismo sonó el petardo. ¿Lo cogieron? ¿No hay noticias? No hay noticias comprobadas.

Pero, ¡qué ingenuos son! Si cuando tiraban bombas de 500 libras y hasta de 1 000 libras que decían «Made in USA», no pudieron hacer nada, ni cuando tiraban bombas de cientos de libras de napalm, pudieron tampoco hacer nada; y a pesar de sus aviones, sus cañones y sus bombas, los casquitos se tuvieron que rendir, y no pudieron tomar la Sierra Maestra, ni pudieron librarse de los cercos, ¿cómo van a avanzar ahora detrás de los petarditos? Son los gajes de la impotencia y de la cobardía. ¡Cómo van a venir a impresionar al pueblo con petarditos, si el pueblo está aquí en plan de resistir, no ya los petarditos, el pueblo está en plan de resistir lo que tiren o lo que caiga, aunque sean bombas atómicas, señores!

¡Qué ingenuos son! ¡Si por cada petardito que pagan los imperialistas nosotros construimos quinientas casas! ¡Por cada petardito que puedan poner en un año, nosotros hacemos tres veces mas cooperativas! ¡Por cada petardito que paguen los imperialistas, nosotros nacionalizamos un central azucarero yanki! ¡Por cada petardito que pagan los imperialistas, nosotros nacionalizamos un banco yanki! ¡Por cada petardito que pagan los imperialistas, nosotros refinamos cientos de miles de barriles de petróleo! ¡Por cada petardito que pagan los imperialistas, nosotros construimos una fabrica para dar empleo a nuestro país! ¡Por cada petardito que pagan los imperialistas, nosotros creamos cien escuelas en nuestros campos! ¡Por cada petardito que pagan los imperialistas, nosotros convertimos un cuartel en una escuela! ¡Por cada petardito que pagan los imperialistas, nosotros hacemos una ley revolucionaria! ¡Y por cada petardito que pagan los imperialistas, nosotros armamos, por lo menos, mil milicianos!

El compañero Osmany nos da una buena idea, que por qué al petardito ese no le dedicamos el Regimiento de Santa Clara y lo convertimos, en un mes, en una ciudad escolar más, lo que queda allí. Vamos a decirle también al compañero Llanusa que al petardito ese le dedique un nuevo círculo social obrero. Estos ingenuos parece que de verdad se han creído eso de que vienen los «marines», y que ya esta el café colado aquí.

Vamos a establecer un sistema de vigilancia colectiva, ¡vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva! Y vamos a ver cómo se pueden mover aquí los lacayos del imperialismo, porque, en definitiva, nosotros vivimos en toda la ciudad, no hay un edificio de apartamentos de la ciudad, ni hay cuadra, ni hay manzana, ni hay barrio, que no esté ampliamente representado aquí.

Vamos a implantar, frente a las campañas de agresiones del imperialismo, un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria que todo el mundo sepa quién vive en la manzana, qué hace el que vive en la manzana y qué relaciones tuvo con la tiranía; y a qué se dedica; con quién se junta; en qué actividades anda. Porque si creen que van a poder enfrentarse con el pueblo, ¡tremendo chasco se van a llevar!, porque les implantamos un comité de vigilancia revolucionaria en cada manzana… , para que el pueblo vigile, para que el pueblo observe, y para que vean que cuando la masa del pueblo se organiza, no hay imperialista, ni lacayo de los imperialistas, ni vendido a los imperialistas, ni instrumento de los imperialistas que pueda moverse.

Están jugando con el pueblo y no saben todavía quién es el pueblo; están jugando con el pueblo, y no saben todavía la tremenda fuerza revolucionaria que hay en el pueblo. Y, por lo pronto, hay que dar nuevos pasos en la organización de las milicias; hay que ir a la formación, ya, de los batallones de milicias, zona por zona, en todas las regiones de Cuba, ir seleccionando cada hombre para cada arma, e ir dándole estructura a toda la gran masa de milicianos, para que lo antes posible estén perfectamente formadas y entrenadas nuestras unidades de combatientes.

Hay una cosa que es evidente… No hay que apretar antes de que llegue la hora; no hay que apurarse por eso, ¡no hay que apurarse, no hay que apurarse, no hay que apurarse! Déjenlos que se apuren ellos; nosotros: conservar nuestra serenidad y nuestro paso, que es un paso firme y seguro.
Nosotros llevamos nuestro caso a las Naciones Unidas

Una de nuestras impresiones en este viaje, importante, es la cantidad de odio que hacia nuestro pueblo revolucionario siente el imperialismo; el grado de histeria contra la Revolución Cubana a que ha llegado el imperialismo; el grado de desmoralización con respecto a la Revolución Cubana a que ha llegado el imperialismo. Y ya ustedes lo vieron: frente a las acusaciones de Cuba, todavía lo están pensando para responder, porque en realidad no tienen nada con qué responder.

Es, sin embargo, importante que todos nosotros estemos muy conscientes de la lucha que está llevando adelante nuestra Revolución; es necesario que todos sepamos perfectamente bien que es una lucha larga, larga y dura. Es importante que nos demos cuenta de que nuestra Revolución se ha enfrentado al imperio más poderoso del mundo. De todos los países colonialistas e imperialistas, el imperialismo yanki es el más poderoso, en recursos económicos, en influencias diplomáticas y en recursos militares.

Es, además, un imperialismo que no es como el inglés más maduro, más experimentado; es un imperialismo soberbio, enceguecido de su poder. Es un imperialismo bárbaro, y muchos de sus dirigentes son bárbaros, son hombres bárbaros que no tienen que envidiarles absolutamente nada a aquellos trogloditas de los primeros tiempos de la humanidad. Muchos de sus líderes, muchos de sus jefes, son hombres de colmillo largo. Es, sin duda de ninguna clase, el imperialismo más agresivo, más guerrerista y más torpe.

Y nosotros estamos aquí en esta primera línea: un país pequeño, de recursos económicos escasos, librando, de frente, esa lucha digna, decidida, firme y heroica por su liberación, por su soberanía, por su destino.

Hay que estar muy conscientes de que nuestra patria se enfrenta al imperio más feroz de los tiempos contemporáneos, y, además, hay que tener en cuenta que el imperialismo no descansará en sus esfuerzos por tratar de destruir la Revolución, por tratar de crearnos obstáculos en nuestro camino, por tratar de impedir el progreso y el desarrollo de nuestra patria.

Hay que tener presente que ese imperialismo nos odia con el odio de los amos contra los esclavos que se rebelan. Y nosotros somos para ellos como esclavos que nos hemos rebelado, ¡y bien rebelados! Y no hay odio más feroz que el odio del amo contra la rebeldía del esclavo; y a ello se unen las circunstancias de que ven sus intereses en peligro; no los de aquí, sino los de todo el mundo.

Nosotros llevamos nuestro caso a las Naciones Unidas, pero nuestro caso era el caso del resto de los países subdesarrollados, era el caso de toda la América Latina, era el caso de todos los países de Africa, era el caso de todos los países del Medio Oriente, era el caso de los países de Asia y Oceanía; nuestro caso era un caso que se podía aplicar por igual al resto del mundo. El resto del mundo subdesarrollado está siendo también explotado por los monopolios, y nosotros hemos dicho allí, a todos los pueblos subdesarrollados:

«Hay que nacionalizar las inversiones de los monopolios, sin indemnización alguna». Nosotros les hemos dicho a los demás pueblos subdesarrollados: «Hagan lo que hemos hecho nosotros, no continúen siendo victimas de la explotación, ¡hagan lo que hemos hecho nosotros!» Y es lógico que el imperialismo quiera destruir nuestra Revolución, para poder decirles a los demás pueblos: «Si hacen lo que hicieron los cubanos, les hacemos como a los cubanos.»

Por lo tanto, se está debatiendo en esta lucha nuestra un interés que no es solo nuestro, un interés que es universal. Se está librando aquí una lucha no solo por la liberación de nuestro pueblo, sino una lucha que tiene que ver con la liberación de todos los demás pueblos explotados del mundo. Y eso es preciso que lo sepamos; que sepamos bien lo que estamos haciendo, que sepamos bien los intereses que estamos afectando, y que esos intereses no se darán por vencidos fácilmente, esos intereses no levantarán bandera blanca fácilmente.

Esta es una lucha larga, larga como poderosos son los intereses que la Revolución ha afectado. Y no solo tenemos que defendernos de las agresiones, no solo eso, porque con eso solo no haríamos nada, sino que tenemos que avanzar, tenemos que avanzar, tenemos que progresar en todos los órdenes.

La impresión y la idea más clara que traemos es que debemos redoblar el esfuerzo, es que debemos hacernos a la realidad del gran papel que nuestra patria está jugando en el mundo y de la gran tarea que estamos llevando adelante.

Porque, más que las palabras que nosotros podamos pronunciar allí, valen los hechos. Nosotros hemos podido decir allí parte de lo que hemos hecho; nosotros no hicimos allí un recuento completo, ni mucho menos, no; pero lo que vale son los hechos. Nosotros tenemos que hacer avanzar a nuestro país. Para ello, nosotros tenemos que esmerarnos en lo que estamos haciendo.

Cada uno de ustedes, sin excepción, tiene aquí una gran tarea, una tarea como la de nosotros. Nosotros vamos allí a hablar en nombre de cada uno de ustedes; nosotros podemos hablar allí, porque contamos con el esfuerzo de todos ustedes; nosotros tenemos moral para ir a hablar allí, porque contamos con el esfuerzo de todos ustedes; nosotros tenemos moral para ir a hablar allí, porque allí llevamos la moral de todos y cada uno de los hombres y mujeres de nuestra patria, ¡y por eso llevamos tanta moral allí!, porque llevamos la moral de un pueblo, por eso podemos ir allí a denunciar al imperialismo. Y por eso se admira a nuestro país, no por las palabras, sino por los hechos; no por lo que diga allí un cubano, sino por lo que hacen o puedan hacer todos los cubanos.

El mundo se está haciendo una idea de nosotros, una idea mejor de la que tuvo nunca si es que alguna vez el mundo tuvo una idea de que nosotros existíamos. Y lo que hay detrás de esa opinión es un pueblo; lo que vale detrás de esa opinión son los hechos de ese pueblo. Nosotros invitamos a todos y cada uno de ustedes a hacerse la idea de la gran responsabilidad que llevan sobre sí y, sobre todo, a hacerse la idea de que nosotros no somos nosotros individualmente, que nosotros pertenecemos a un pueblo, que nosotros pertenecemos a un minuto grande de la historia de la humanidad, que nosotros pertenecemos a una hora decisiva del género humano.

Y que aquí hay que pensar en el pueblo, hay que pensar en el destino de la nación, no hay que pensar en nosotros mismos. Nosotros somos algo más que nosotros mismos, ¡nosotros somos pueblo, nosotros somos nación!; nosotros somos una idea; nosotros somos una esperanza; nosotros somos un ejemplo. Y cuando el Primer Ministro del Gobierno Revolucionario compareció en la ONU, no compareció un hombre, ¡compareció un pueblo! Allí estaba cada uno de ustedes, ¡cada uno de ustedes estaba allí!

(CubaDebate)

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