Celia Sánchez, la flor que renace cada enero

De manera muy especial la heroína de la Sierra y el llano Celia Sánchez Manduley renace en cada aniversario de la Revolución triunfante, aunque también se recuerda que el día 11 de enero de 1980 falleció víctima del cáncer, cuando se acercaba a su cumpleaños 60.

Partió muy temprano la infatigable y audaz combatiente, la primera mujer incorporada a las filas del Ejército Rebelde el 23 de abril de 1957, pero dejó un invaluable legado de entrega a la causa revolucionaria, siempre desde la sencillez, el humanismo y la humildad que la caracterizaron.

El calificativo de “Flor más autóctona de la Revolución” dado por el doctor Armando Hart Dávalos en sus exequias, la define de manera exquisita y poética, y los cubanos gustan rememorarla de esa manera: auténtica, delicada y llena de cubanía y pureza silvestre.

En el recién finado 2020 se conmemoró su centenario, en el que entró con toda su luz. Nació en el mes de mayo de 1920 en el poblado rural de Media Luna, uno de esos encantadores villorios fundados en la llamada “costa”, en el suroriente cubano, siempre muy relacionados con la ciudad de Manzanillo y casi en las faldas de la Sierra Maestra. Mucho tuvo que ver en su posterior formación revolucionaria y en la forja de sus valores el hecho de ser hija del doctor Manuel Sánchez Silveira, médico rural, hombre de savia patriótica y martiano acendrado y de la ama de casa Acacia Manduley, quien compartía sus ideas y apoyaba sus prácticas de una medicina humanista, al servicio de los pobres.

El doctor Sánchez atendía a los pacientes que vivían en extrema pobreza, sin aceptar pago a cambio y su hija Celia acostumbrada acompañarlo en sus recorridos altruistas por la Cuba profunda, bebiendo y aprendiendo de su generosidad y solidaridad.

Eran recorridos en los que su padre también aprovechaba para darle a la pequeña, sobre todo, conocimientos de la historia patria que el galeno amaba y respetaba.

Con el tiempo, la adolescente y joven Celia tuvo iniciativas propias y buscaba la manera de socorrer a los más necesitados mediante ferias, verbenas y tómbolas que organizaba, aunque más adelante comprobó que la caridad no bastaba para resolver los estragos de la gran injusticia social que imperaba en el país. Y llegó a la conclusión de que había que luchar para cambiar ese estado de cosas.

Celia vivió unos 20 años en Media Luna, luego pasó unos 10 en Pilón, una comunidad más intrincada y serrana y más tarde marchó a residir con familiares muy allegados a Manzanillo, la ciudad natal de su madre.

Según sus propias declaraciones se incorporó al Movimiento revolucionario 26 de Julio en 1955 en los dominios manzanilleros y aunque nunca ocupó cargos directivos, siempre realizó acciones y un trabajo muy sobresaliente dentro de esa organización.

Antes, en 1953, en el Año del Centenario del Apóstol José Martí, había colocado junto a su progenitor un busto del Maestro en la cima más alta del Pico Turquino, una escultura de la notable artista Gilma Madera, en representación de los martianos de Cuba.

Como se observa, algo profundo e inefable la unía con el camino de los jóvenes de la Generación del Centenario.

Ya dentro del clandestinaje total realizado desde Manzanillo y los pueblos costeros asumió tareas muy riesgosas. Junto a Frank País García, por entonces jefe de Acción y Sabotaje del M-26, fue decisiva en el respaldo que se debió dar a fines de 1956 al desembarco del yate Granma.

Creó una red de campesinos que debían estar atentos para guiar a los expedicionarios hasta los caminos de la Sierra Maestra.

Más tarde, recibió un alijo de armas y refuerzo de hombres combatientes, enviados por País García desde otros puntos de Oriente, que escondió en un marabuzal cerca de Manzanillo, hasta que fue segura su partida a la Sierra.

Fidel Castro, en un momento más avanzado de la lucha guerrillera, reconoció el trascendente papel desempeñado por Frank País y Celia Sánchez en el avituallamiento logístico de los libertarios, bajo los seudónimos principales de David y Norma.

Más tarde, cuando Celia debe incorporarse a la Sierra, su debut de fuego ocurrió el 28 de mayo, en la victoriosa Batalla del Uvero.

Las necesidades de incentivar el trabajo clandestino en el llano hacen que cumpliera la orden de retornar al medio urbano. El bárbaro asesinato de Frank País en julio de 1957, lleva al alto mando a tomar la decisión de que la infatigable Celia tornara a las montañas. Junto al Estado Mayor y muy cerca de Fidel, cumplió misiones de gran confiabilidad y audacia.

Estimuló el surgimiento del pelotón femenino nombrado Las Marianas, integrada por jóvenes campesinas llenas de coraje.

Luego del triunfo de la Revolución, se vio a Celia como una de las fundadoras del Consejo de Estado, del cual fue su Secretaria por largo tiempo. Dentro de la entidad fundó y dirigió la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.

Fue miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y diputada a la Asamblea Nacional por el municipio de Manzanillo.

Tanta y pletórica vida de Celia Sánchez no puede resumirse en las anteriores palabras. Se pudiera estar horas y días hablando de su vocación humanista y todo el bien que derramó por doquier. Así como de su genuino culto a la belleza más genuina, la que nace de los sentimientos más puros y cultivados. Y por ellos los cubanos aún le dan gracias. CubaSi

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