María Zambrano es la razón poética

María Zambrano es la razón poética

La Habana, 6 feb.- ¿Qué son las cosas? Al tratar de responder esa pregunta aparece la actitud poética, esa era la base filosófica de María Zambrano.

Filósofa, poeta, ensayista española, fue exiliada por sus pensamientos antifranquistas, por ende antifascistas. Todo lo sufrió en el destierro, la muerte de la madre, de la hermana, la separación conyugal. Su vida fue un constante peregrinar entre Cuba y otros países como Puerto Rico y México. En la mayor de las Antillas conoce a los más prestigiosos intelectuales cubanos, como José Lezama Lima, Octavio Paz, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier y Simone Weil.

Siempre fue una mujer tímida, no por eso dejó de ser firme, ni de impartir conferencias, pues siempre se catalogaba como una “sirvienta” del otro. De su primer maestro y su padre Blas Zambrano, aprendió la calidez, la justicia, la armonía y cierta rigidez. De su madre asimiló la ternura y su risa.

La razón de lo divino es una constante en toda su obra, la indagación de lo que es el ser humano, la búsqueda de lo esencial: los dioses, el tiempo, la historia. Esta pensadora trata de penetrar en el alma para descubrir lo sagrado que se rebela poéticamente. El propio hombre es el camino. La filosofía es la preparación para la muerte y el hombre es su filósofo.

“No he distinguido de clases y sí de personas…”, dijo en una entrevista en 1988 a Pilar Trena, del programa televisivo español Muy personal.

Roma no solo se hace su hogar, sino la casa donde se reúnen la alta intelectualidad, hasta que fue expulsada por un senador fascista. En 1970 es cuando España la toma en cuenta y no dejará de agasajarla hasta después de su muerte. La premia con el Cervantes, Premio Príncipe de Asturias y es nombrada Hija predilecta de Andalucía. Después de casi cincuenta años exiliada regresa en 1984 a su tierra natal.

La entierran en Málaga, lugar que la vio nacer, entre un naranjo y un limonero, el 6 de febrero de 1991; “porque el olor del limonero nunca lo pude olvidar, ni el perfume de la tarde, ni los trocitos de caña de azúcar con que criaban a los niños de mi familia en mi infancia”. Jamás se creyó con una edad definida, por eso no es verdad que se muriera a los 86 años y quizás reencarnará en los que quiso ser: una caja de música.

Ni brisa

Ni brisa ni sombra.

¿Por qué, muerte, así te escondes?

Sal, salte, sácate de tu abismo,

escápate tú, ¿quién te retiene?

¿Por qué no borras con tu mirada el universo?

¿Por qué no deshaces las piedras

con tu sombra, con tu muerte, sólo con tu sombra,

con tu mano desnuda,

con tu rostro de estatua,

desnuda presencia a quien nada resiste?

Enseña, muestra tu cara a los mundos,

que ya no haya espacio,

ni cielos, ni viento, ni palabras.

Quiero hundirme en el silencio.

(CubaDebate)

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