El agradecimiento de una joven doctora por ayudar a salvar vidas frente a la COVID-19

El agradecimiento de una joven doctora por ayudar a salvar vidas frente a la COVID-19

La Habana, 11 feb.- A sus 25 años de edad, Mayara Ramírez agradece contribuir a la lucha contra la COVID-19 desde un escenario fundamental: el ensayo clínico del candidato vacunal CIGB 66 en el hospital provincial Saturnino Lora, de Santiago de Cuba.

Junto a otros jóvenes y experimentados profesionales de la salud del nosocomio local y el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), la doctora integra el equipo que en diciembre de 2020 emprendió el camino para probar la seguridad e inmunogenicidad de esa formulación farmacéutica frente al virus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad.

Si bien pudiese encontrarse en la zona roja de cualquiera de las instituciones santiagueras destinadas a la atención a pacientes positivos con el nuevo coronavirus o en los centros de aislamiento para sospechosos y contactos de los primeros, Ramírez considera que en los predios donde transcurre el estudio Abdala también tributa a esta batalla por la vida.

En exclusiva a la ACN refiere que la participación en este proceso constituye una oportunidad profesional inigualable, en tanto le permite incorporar conocimientos sobre ensayos y buenas prácticas clínicas estudiados someramente durante el pregrado, además de vivir en primera persona el progreso de un producto capaz de revolucionar la medicina cubana e internacional.

Con el carácter de quien no repara en horarios ni cambios de rutina, la galena asume esta responsabilidad, consciente de que en su quehacer se albergan las esperanzas de Cuba y otros países en aras de lograr una cura para la COVID-19 y salvar a la especie humana del atroz padecimiento.

Inspirada en su vocación permanente de hacer el bien, la joven residente de tercer año de Medicina Interna llega muy temprano al policlínico de especialidades del Saturnino Lora, área habilitada para la prueba de uno de los cuatro candidatos vacunales de producción nacional, y regresa muy tarde a la casa, aunque ello implica privarse de las actividades diarias de su infante.

Pese a los aditamentos de protección empleados, resulta notable –en su voz y ojos- la expresión de nostalgia de Mayara al hablar de los pocos minutos que pasa con su hijo y manifiesta la gratitud a quienes cuidan de él, mientras ella labora con ahínco en un empeño superior.

A su cortísima edad, solo ocho años, Ezequiel sabe del importante trabajo de su madre en pos de devolverle la sonrisa, escondida detrás de una mascarilla, a todas las personas y de manera especial a los niños que como a él, esta pandemia les ha trastocado la existencia.

Cada palabra de Mayara Ramírez desborda compromiso con los suyos: su nación y el mundo, resumen su optimismo por los avances de Abdala y los otros preparados vacunales, y la confianza depositada en ella para aportar en el enfrentamiento al SARS-CoV-2.

(CubaDebate)

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