Los sueños creciendo detrás del muro: Cuando levantes piedras, piensa en mí

Los sueños creciendo detrás del muro: Cuando levantes piedras, piensa en mí

La Habana, 23 jun.- El violín ha quedado en un lado de aula o de escuela, donde convive con otros instrumentos. Son días de supuesta pausa, de largo confinamiento, y el aula —ahora— está cerrada. En medio de lo apacible, al violín y al aula le atraviesan sueños similares. La segunda necesita que le devuelvan la algarabía; el primero extraña la caña desbrozándole las cuerdas y, de cierta forma, se parece demasiado a la algarabía, también, su necesidad de contacto.

Esa imagen de soledad, esa sensación de vacío aparente, pueden ser fuertes, pero hay historias más aciagas queriendo arrebatarles el vuelo a uno y otro; queriendo negarles la música.

Cuando han faltado las cuerdas, el profesor le ha improvisado unas de cables de teléfono, o algún artesano le ha devuelto vida a las cañas para que vuelvan a recorrer las cuerdas. Y el aula ha recobrado sus mejores notas. Después de todo, se le puede quitar a un niño un instrumento, un juguete, un algo material, pero nunca —nunca— se le puede quitar un sueño… Sobre todo, si ya lo ha soñado demasiadas veces. Y, mucho menos, se le puede arrebatar la música.

No hay escenario cerca como el que está anhelando en su regreso. Por eso ahora se ha inventado un espacio más amplio que la reducida geografía de la sala de su casa. Se ha vuelto a poner las zapatillas y ha estrenado un grand pas de danse: el mayor con el que se pueda arrancar un aplauso.

De regreso al camerino de su imaginación, donde ha encontrado un refugio fértil en la cuarentena, se ha quedado con los ojos imantados a su par de zapatillas: en cuánto la ayuda a perfilar el vuelo y la luz en la escena, en cuántas nostalgias y sacrificios le ha albergado. Se ha detenido, con una fuerza que no conocía, a agradecerle las pasiones y los miedos confiados en este tiempo compartido.

Hoy, se ha detenido a amarlas como no se conoce amor por otras zapatillas. No siempre ha tenido unas.

“Cuando bloquees a Cuba, piensa en mí”: No son solo números, son las personas detrás de ellos

Su historia tiene nombre propio. Él no necesita que nadie le cuente de lo tangible de un muro que se erige en más dimensiones de las imaginables a veces. Lo ha vivido, lo ha sufrido en piel propia.

Bailarín, camagüeyano, hoy maestro de danza y director de la joven compañía Ballet Fumezcu. Héctor Alejandro Ramírez González cuenta de una historia que, vista desde su lado del testimonio, le da mayor sentido y propiedad a los números en un informe. No es igual cuando lo vives en primera persona, cuando eres tú quien debe contar las pruebas.

Lo sufrió siendo estudiante de la Escuela Nacional de Arte (ENA), presidente nacional de la Enseñanza Artística y miembro del Secretariado de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM) en el país.

“He participado en varios eventos internacionales, gracias a la preparación que me ha brindado la enseñanza artística y la excelencia de los maestros que tuve”, dice a Cubadebate. En los 12 concursos foráneos en que intervino en sus días de la ENA, alcanzó el primer lugar en todos, agenciándose además gran cantidad de premios individuales que hablan de la calidad de la escuela cubana de danza.

A la hora de recibirlos, simplemente a los organizadores de los concursos se les hacía más costoso sortear los obstáculos y la persecución financiera, superando incluso el valor metálico del lauro, pues “implicaba hacerlo mediante terceros y hasta cuartos países”.

Encima, con Cuba incluida por los Estados Unidos en la lista de países patrocinadores del terrorismo, eso complicaba todo en mayor medida —comparte— y cohibía más a los organizadores de concursos.

“Claro, no lo hacíamos por el valor económico de un premio —eso era lo de menos—, sino por el desarrollo de nuestra enseñanza artística… Además es un esfuerzo y un premio que te ganas”.

Foto: Facebook de Héctor Alejandro Ramírez González.

El reconocimiento a un esfuerzo colectivo, la puerta de realización a sueños personales. Un legítimo derecho. Y tuvo que renunciar por vivir en un país bloqueado.

“Esa no es la única limitante del bloqueo. Nos afecta en muchos aspectos: desde las ropas de ensayos que necesitamos día a día, hasta los vestuarios en las obras, los intercambios culturales: los concursos, los eventos, los festivales; a los cuales no podemos asistir, simplemente, por el hecho de que muchos países tienen bloqueados hasta los pagos desde (y hacia) Cuba. La plataforma Zoom también la tenemos bloqueada, como diferentes aplicaciones que los mismos concursos requieren y, cuando vas al Play Store, te dice que la plataforma está bloqueada para tu país. Se nos impide participar en diferentes eventos, espacios que ayudan al propio desarrollo del estudiante cubano de la enseñanza artística, que ya sufre diferentes carencias: zapatillas de ballet, zapatos para bailar y otros accesorios”.

“Aun así, se entregan en las escuelas los recursos. Es muy duro que los estudiantes, hoy en día, no tengan la posibilidad de emerger de ese estancamiento que hay por el bloqueo, el cual se ha ido recrudeciendo pues, desde que Trump asumió la presidencia, intensificó las medidas”.

Trump salió del poder y el bloqueo ha seguido en su vocación de asfixia.

“Estos eventos han permitido demostrar que el talento cubano existe, está latente, es un hecho… Que los estudiantes cubanos tienen una preparación excelente y que, aun con el déficit que tenemos, se puedan alcanzar tantos premios, no solamente míos, sino de muchos”.

Contra el bloqueo, amor; contra el bloqueo, arte

Foto: Andy Jorge Blanco/ Cubadebate.

El Centro Nacional de Escuelas de Arte (CNEArt) podría ofrecer innumerables testimonios de lo que el bloqueo frena, y de lo que el amor y la virtud pueden. Zulema Armas Mojena, subdirectora de Relaciones Internacionales, Comunicación y Eventos de esa institución, nos acerca a la realidad que ese cerco unilateral impone cada día en las 37 escuelas de arte del subsistema de la enseñanza artística en la Isla.

Con una matrícula general de 8 657 estudiantes —distribuidos en seis escuelas nacionales, cuatro regionales y 27 provinciales—, este subsistema cuenta con 5 102 alumnos en música, 1 544 en danza, 771 en ballet, 168 en teatro, 82 en circo y 506 en artes visuales. Poseen carácter interno 29 de esas escuelas: 12 de nivel elemental, 11 de nivel medio y 14 con ambos niveles en el mismo centro escolar. Aquí “se forman los artistas que renovarán el entramado de las artes y la apreciación del país como un derecho humano esencial en nuestra sociedad: el acceso a la cultura y a la educación”.

¿Cómo afecta el bloqueo a la enseñanza artística? Es algo que a veces no se comprende bien porque hay que vivirlo para sentirlo. La familia cubana y los estudiantes de arte, a lo largo de seis décadas, han sufrido el bloqueo en la misma medida en que se han ido desarrollando”, explica.

“Si bien, a pesar del bloqueo, hemos graduado a más de 65 000 estudiantes durante estos años, hoy tenemos más de 8 000 en las 37 escuelas de arte y el cerco estadounidense ha sido un freno para la calidad de ese proceso docente.

El talento de los niños cubanos se ha puesto en juego cuando han tenido que frenarse para tener una guitarra o un violín con cuerdas, porque a veces no hemos tenido esas cuerdas. Aun cuando el Gobierno cubano dispone del dinero, en ocasiones no llegan a tiempo porque tenemos que comprarlas a lugares muy lejanos para empezar el curso, y hemos tenido que triplicar los gastos porque esos productos llegan de otros continentes, cuando pudiéramos comprar aquí al lado, por casi tres veces menor precio, un instrumento musical o unas zapatillas de ballet para nuestros estudiantes”.

De acuerdo con la directiva, “hay estudiantes nuestros que han participado en eventos internacionales y no han podido cobrar el dinero de ese premio. Y hay estudiantes que, teniendo muchísimo talento, no han podido participar porque, sencillamente, nos limitan para hacer una transferencia dirigida a ese proceso de inscripción… Pues bancos norteamericanos ni admiten ni permiten que, incluso terceros, reciban transferencias de Cuba”.

Los servicios académicos cubanos son altamente valorados en el mundo entero por el prestigio de la enseñanza artística. Tenemos que utilizar pasarelas de pago que nos limitan la adquisición de esas divisas, o que nos cobran también por utilizarlas, porque no pueden llegar a Cuba las transacciones directas.

“Eso es en el plano material. Pero en el plano humano y del día a día, los estudiantes se ven constantemente limitados por las carencias materiales. Y esto va poco a poco permeando la manera en que uno ve su realidad, de mucho sacrificio. Por eso luego, cuando llegan las ofertas de una beca en el extranjero, nuestros estudiantes se van y dejan de retribuir al país esos altos costos que ha disfrutado de invertir en ellos”.

Aunque el sistema educacional en Cuba es absolutamente gratuito, por tanto también en las artes, no es poco lo que el país invierte en la formación de un estudiante en estas especialidades. Como promedio, en un año académico, ese monto ronda los 18 000 USD.

“A veces nos quedamos sin maestros porque muchos jóvenes han buscado vías de desarrollo en otros países, cuando el nuestro podía ser su meta final. El atractivo es muy grande porque nos someten a penurias, nos someten a limitaciones, y después parece que somos nosotros mismos los que tenemos las limitaciones”, advierte.

Insiste en que, para que los educandos puedan identificar “dónde y en qué momento está afectando el bloqueo, hay que hacérselos ver; hay que evidenciárselos. Porque a veces lo sufren y no saben que es el bloqueo. Hay estudiantes que, ahora mismo en el tiempo de pandemia, están en su casa en una zona montañosa, y no tienen acceso siquiera para acercarse a algunos núcleos que hemos ido creando de cara a trabajar un instrumento determinado. Pues no tenemos instrumentos. Ejemplo, los estudiantes de piano: ¿cómo darle un piano a un estudiante para que se lo lleve a su casa?”.

Los estudiantes en esas zonas han tenido que buscar alternativas, refiere, “como hacerse un piano de papel”, o si se le rompe una cuerda a otro instrumento han tenido que utilizar las de un cable. Y lo hemos tenido que usar incluso sin estar con la COVID-19, porque ha habido etapas en que el país no ha tenido posibilidad de comprar nuevas cuerdas”.

Una interrogante la remite al informe presentado por el CNEArt sobre las afectaciones del bloqueo en esta enseñanza:

En la especialidad de música, de una matrícula de 5 121 por ejemplo, solo de violín son 683 estudiantes y de piano 536. El monto para garantizar los instrumentos desde el mercado europeo, asciende a 320 USD por el costo de un violín, por tanto, necesitamos gastar 218 560 USD. La compra de ese mismo instrumento en el mercado norteamericano tiene un valor aproximado de 95 USD, con una diferencia incrementada que triplica el costo y un valor aproximado de 153 675. Si agregamos los accesorios, como las cuerdas, se encarece la adquisición de los recursos básicos de la especialidad para la formación de un violinista.

(…) Son 11 años de formación y un estudiante de esta especialidad utiliza, como mínimo, tres violines de diferentes medidas, de acuerdo con su crecimiento físico… En el ciclo de formación de la matrícula actual de 683 violinistas, con 11 años de estudios, se invierten 7 212 480 USD para cubrir la necesidad del instrumento. Si estos recursos se adquirieran en el mercado norteamericano tendríamos un ahorro de 5 000 000 de USD.

Otro de los ejemplos (…) lo podemos ver en los gastos de formación de los niños y los jóvenes  en las artes escénicas, donde se forman estudiantes en danza, ballet, teatro y circo. La matrícula en las diferentes especialidades de las artes escénicas agrupa a 1 165 estudiantes, cuya formación requiere el uso de ropa especializada, equipos de música, tabloncillos, maquillaje, entre otros recursos básicos que, haciendo el análisis de los precios de mercado sin contar los aranceles, genera un gasto por encima de 39 647 USD, al comprarlos en el mercado europeo o asiático y no en el norteamericano.

Grosso modo, del 1ro. de abril de 2019 al 31 de diciembre de 2020, el bloqueo ocasionó perjuicios en este ítem, valorados en 37 962 250 dólares estadounidenses. De estos, 36 792 250 correspondieron a los gastos asociados por reubicación geográfica del comercio (precios en terceros mercados, fletes y seguros…); 400 000 por concepto de ingresos dejados de percibir en materia de exportación de bienes y servicios, y 250 000 debido al cerco tecnológico, por solo citar algunos ejemplos.

Foto: Andy Jorge Blanco/ Cubadebate.

Entonces, el bloqueo es real, además de innecesario, injusto y cruel. Es algo que no merecemos, porque lo que hacemos es trabajar por el arte, uno de los aspectos más sensibles y de las cosas más bonitas que puede hacerse en la enseñanza: formar artistas, formar instructores de arte que van a hacerle la vida más plena a las personas; que van a incrementar la calidad de vida dondequiera que lleguen, en Cuba o en cualquier lugar del mundo, pues muchos han tenido que ir a ofrecer servicios, a cumplir misiones en otros países, desde las artes.

“Y no nos permiten eso: formar con total garantía a nuestros estudiantes. Se triplican los costos cada año y por cada uno de ellos, porque las materias primas van en alza, porque van en alza los fletes para traerlos de lugares lejanos, porque van en alza los seguros que hay que pagar para esos fletes… y porque se frena a la gente con la manera que tiene Estados Unidos de aplicar medidas contra terceros: tienen miedo de vendernos, de hacer las cosas fáciles”.

Zulema fija la vista y concluye: “No obstante, Cuba sigue y nuestros estudiantes se forman. Tenemos cada vez más personas que quieren participar en nuestros eventos y nos reinventamos siempre: estamos haciendo ahora encuentros virtuales, a pesar del bloqueo  tecnológico,aunque no nos permitan bajar los videos a concursar por Wetransfer, por ejemplo, con lo cual bloquean también a los propios norteamericanos. Siempre encontramos vías y vamos a encontrar fuerzas para seguir batallando y denunciando al bloqueo, por injusto, por cruel, por absurdo, por ignominioso: es una afrenta al pueblo; es una afrenta a la familia. Entonces, basta ya de bloqueo.

Defendemos el amor a la vida, al arte, a la sensibilidad, al amor. Contra el bloqueo, amor; contra el bloqueo, arte”.

***

Y después de escucharle el testimonio, es fácil entender las esencias que llevan a una nación a denunciar desde un informe, y el informe que conduce a una votación, año tras año. Porque no son simplemente estadísticas; son historias, seres latiendo detrás del muro y desafiando cercos. Son las imágenes de las que no podemos deshacernos: el violín de las cuerdas quebradas pero con la música desbordando lo bueno, el piano de papel en casa y las zapatillas dibujando el vuelo… No son las justificaciones de un país bloqueado: son las verdades que no puede dejar de recordarle al país que, a noventa millas —mar de por medio— le apuesta todo a bloquearle los sueños.

(CubaDebate)

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