Un manual para cerrar brechas y salvar vidas ante desastres

Un manual para cerrar brechas y salvar vidas ante desastres

La Habana, 23 oct.- Solo una de cada cinco personas  con discapacidad en el mundo puede ser evacuada satisfactoriamente en una situación de desastre. Una catástrofe representará una mortalidad mayor para las mujeres que para los hombres. Ellas, niños, jóvenes y ancianos son una gran proporción de las personas afectadas, advierten las estadísticas globales sistematizadas por las Naciones Unidas.

Esta es una realidad que obliga necesariamente a que la reducción de riesgos de desastres vuelva la mirada hacia los grupos vulnerables y las personas con discapacidad, colocándolos en el centro de los aprendizajes para su prevención y la reducción de los impactos que sobre la vida de las personas pueden tener.

Sobre esa premisa, un nuevo Manual comunitario sobre Gestión inclusiva para la Reducción de los Riesgos de Desastres (GIRRD) propone recursos que minimizan el impacto de peligros en poblaciones vulnerables por su edad, género y condición de discapacidad en Cuba, apuntó Marielys del Toro, asociada de programas en Unicef Cuba.

El documento—que cuenta con una versión del año 2019—en la publicación actual se dirige a la primera infancia y a la adolescencia con un enfoque de género y con una perspectiva comunitaria, y  pretende ser utilizado para acciones educativas y de comunicación, como parte de la GIRRD, especialmente en comunidades con multirriesgos y en sus relaciones con los efectos del cambio climático.

Dicho material, presentado en días recientes, fue preparado por más de 20 especialistas de la Asociación Cubana de Personas con Discapacidad Físico-Motora (ACLIFIM), la Asociación Nacional del Ciego de Cuba (ANCI) y la Asociación Nacional de Sordos de Cuba (ANSOC); la Dirección de Ciencia y Técnica y el Instituto Central de Ciencias Pedagógicas (ICCP), del Ministerio de Educación de Cuba; Humanity & Inclusion, Oxfam y la Oficina de UNICEF en Cuba.

Conocer los peligros y no dejar a nadie atrás

El archipiélago cubano es altamente vulnerable a los impactos del cambio climático: huracanes, erosión costera, sequía, inundaciones, la intrusión salina, la elevación del nivel del mar… Asimismo, otros eventos como los sismos forman parte del mapa de riesgos de la nación caribeña.

Particular amenaza enfrentan los asentamientos y comunidades costeras. Las proyecciones del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) muestran que, de no realizarse intervenciones, para finales del siglo XXI, unas 21 comunidades costeras desaparecerán completamente en Cuba, y más de 98 serán severamente afectadas, por amenazas relacionadas con el clima.

Hace cuatro años que un Plan de Estado para el Enfrentamiento al Cambio Climático, conocido como Tarea Vida, se dirige a contrarrestar los impactos de dicho proceso en las zonas vulnerables del país, la mayoría asentadas en regiones costeras, mediante medidas de adaptación y mitigación.

En ese escenario, el Manual comunitario sobre Gestión inclusiva para la Reducción de los Riesgos de Desastres (GIRRD) constituye una valiosa herramienta y oportunidad para el desarrollo de comunidades más preparadas y resilientes.

“Tenemos que tener una mirada inclusiva en los planes de reducción de riesgo de desastres, pues estos son los que deben contener las acciones que permitirán reducir las vulnerabilidades y en ese sentido el manual tiene mucho que aportar”, afirmó durante la presentación del documento Amneris Santos, jefa del Departamento de Comunicaciones de Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil.

Comunidad en alerta temprana, revisando los mapas de riesgo, Cuba. Foto: PNUD Cuba.

Según la especialista, en Cuba el proceso de reducción de riesgos de desastres contempla cuatro etapas: prevención, preparativos, respuesta y recuperación. “Desde edades muy tempranas la preparación en defensa civil está contemplada en los programas educativos. Los niños conocen y conviven con los riesgos que tienen en sus comunidades, aprenden a identificarlos y se apoyan en todas las capacidades creadas para poder enfrentarlos”, sostuvo.

Santos recordó que el próximo 31 de julio de 2022 el sistema de Defensa Civil cubano cumple 60 años de creado. “En en toda su historia se ratifica la premisa de que la protección de su población es fundamental, sobre todo a la niñez, pues contempla la infancia como una de las categorías más vulnerables para la protección en situaciones de desastres”, dijo.

De acuerdo con el documento, la Gestión Inclusiva para la Reducción de los Riesgos de Desastres propone avanzar “hacia el logro de un desarrollo humano equitativo y sostenible, como requisito en la construcción de sociedades más seguras y con iguales oportunidades para todas las personas”.

Cuando se produce una situación de desastre las personas en situación de discapacidad se ven más afectadas, de forma desproporcional, respecto a otros grupos poblacionales, apuntó Charlotte Frontier, representante de Humanity & Inclusion (HI) en Cuba.

De ahí dijo, la importancia de asegurarse de que todos los grupos en riesgo (basándose en la edad, el género y la discapacidad) y los individuos participen plenamente en la toma de decisiones relativas a la identificación y la reducción de los riesgos; no dejar a nadie atrás y suprimir las barreras que excluyen a las personas.

Significó que Cuba comenzó a trabajar la gestión de la inclusión de riesgo de desastre en el 2015 y en los proyectos que se implementaron se dio especial importancia al tema de la interseccionalidad entre género, edad y discapacidad, para garantizar la inclusión, una premisa que defiende el manual.

Ese mismo enfoque de inclusión se está aplicando hoy en el proyecto Cuenca Resiliente: un Sistema de Alerta Temprana (SAT) multiriesgo e inclusivo en la cuenca del río Cuyaguateje, en Pinar del Río, que favorece la preparación antes desastres en Cuba, agregó Frontier.

Respecto al manual comunitario de GIRRD disponible en la página de Unicef en Cuba señaló que entre sus principales aportes está el contar con tres versiones digitales: una para docentes, una versión en leguaje claro y otra en formato accesible. Tendrá, además, un juego de comunicación para comunidades multirriesgos y un paquete para redes sociales.

Elena Gentili, representante de Oxfam en Cuba ponderó la noción de resiliencia que se ha incluido en esta versión del manual, como la  capacidad de gobiernos, organizaciones, comunidades y personas para anticiparse, responder y recuperarse de las situaciones adversas, y para gestionar cambios de manera positiva y proactiva.

 

“Estas capacidades de resiliencia apuntan a tres modos de hacer: primero la acción protectora intencionada ante la crisis para lograr la estabilización del sistema comunitario que ha sido afectado; segundo, la realización por parte de la comunidad de ajustes intencionados, escalonados e innovadores en pos de lograr más flexibilidad y resistencia ante los eventos similares, y tercero el trabajo intersectorial para lograr cambios estructurales que pueda reducir la vulnerabilidad y los riesgos”, explicó.

Gentili comentó que con el propósito de construir una comunidad más inclusiva, sin violencia, más saludable, con menos probabilidad de riesgo, es necesario lograr una distribución más equitativa de los riesgos.

“Hay que reconocer que la resiliencia se construye de manera colectiva y colaborativa, con un trabajo conjunto a diferentes niveles entre actores sociales, y que sean cambios duraderos a largo plazo”, dijo.

En ese sentido, incluir la perspectiva de género—un valor añadido del manual—es justo en término de derechos.

“Además de necesario para la prevención y respuesta efectiva, es beneficioso para la sociedad en su conjunto”, dijo Gentili, quien insistió en que es necesario aprovechar las experiencias y saberes de las personas y garantizar entornos libres de violencia de género, a partir de la existencia y el conocimiento de una ruta crítica para denunciar el maltrato machista.

“Es muy importante tomar en consideración las necesidades específicas de hombres y mujeres, niños y niñas, antes y después de un desastre, comprender los impactos diferenciados, entender que las desigualdades de género que existían antes de un desastre tienden a reconfigurarse y acentuarse. Está bastante documentado que los niveles de violencia doméstica y sexual hacia mujeres y niñas se incrementan en situaciones de emergencia”, precisó durante la presentación virtual.

A su juicio, la Gestión Inclusiva para la Reducción de los Riesgos de Desastres es una apuesta fundamental en un momento social complejo, de cambio climático, de pandemia y múltiples crisis que ponen en peligro la vida de muchas personas a nivel global.

“Para Cuba es un desafío mayor, al tratarse de un pequeño país insular, por demás bloqueado por Estados Unidos, que sabemos es una política que obstaculiza las capacidades para responder a los embates de esos eventos”, concluyó.

Por su parte, Orestes Valdés, especialista de la Dirección de Ciencia y Técnica del Mined, reconoció la importancia del documento, pues “los peligros no se pueden eliminar, pero sus impactos pueden disminuir y las vulnerabilidades reducirse con el trabajo educativo en escuelas y comunidades, teniendo en cuenta la participación y protagonismo de la comunidad con necesidades educativas especiales”.

Foto: Unicef

El manual, distribuido en cuatro temas principales, incluye conceptos, recursos y ejercicios prácticos sobre fenómenos naturales, Gestión para la Reducción de los Riesgos de Desastres (GRRD), enfoque inclusivo y de género en la GRRD, información sobre las discapacidades y comunidades seguras. También acoge recomendaciones para el apoyo socioemocional a niños, niñas y adolescentes, antes, durante y después de desastres.

Además, reconoce capacidades (conocimientos, habilidades y recursos) de niños, niñas, adolescentes y personas con discapacidad, útiles para el bien de la comunidad en caso de un desastre. Propone además su participación en el proceso desde el inicio, con roles de responsabilidad en grupos de trabajo y actividades.

“Si solo ves sus vulnerabilidades, reduces sus oportunidades de participación, perjudicas su autonomía y no valoras la capacidad total de tu comunidad. Además, si falta información sobre las personas con discapacidad u otros grupos vulnerables, no podrás crear un Sistema de Alerta Temprana inclusivo y efectivo. Tampoco serán adecuados los planes de evacuación, los programas de formación y capacitación de la comunidad”, refiere el material.

Es entonces una buena noticia que niñas, niños y adolescentes en Cuba puedan acceder a un documento que los coloca en el centro y piensa en sus invaluables aportes ante las inevitables amenazas a las que pueden estar expuestas sus comunidades.

(CubaDebate)

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