La Edad de Oro del Chalet (+Fotos)

La Edad de Oro del Chalet

La Habana, 21 may.- Me pareció algo simbólico que el pequeño Alejandrito abrazara fuerte el ejemplar de La Edad de Oro que le regalamos, comenta María Caridad Guindo. Fue quizás un gesto de apego a la nueva era de transformaciones en el barrio vulnerable El Chalet, de la ciudad de Artemisa.

Sucede que un día el colectivo del semanario el artemiseño se fue hasta allá donde las calles solían ser solo caminos, la tierra no tenía límites y no pocas viviendas merecían siquiera ese calificativo.

Iban prestos a intercambiar con los niños y sus familiares; a narrar cuentos, promover la lectura, recitar poesía e incluso cantar y bailar juntos; a compartir piezas de ropa y artículos de aseo, conscientes del valor de las pequeñas cosas entregadas con verdadero altruismo.

A cambio, regresaron pletóricos de esa sensación de hacer el bien de la cual hablaba Martí. Cargaron los corazones y agendas de energía… e historias de inmediato con capítulos más felices, como los de estos días. 

Sueño hecho realidad

Hasta las casas de los más necesitados llegan los factores de la comunidad.Foto: Otoniel Márquez

El sol impenitente del mediodía no consigue robarle la sonrisa a Beatriz Gómez López. Ya no le faltan energías, ni a su cuerpo ni a los equipos electrodomésticos de su casa.

“Vivíamos en una situación crítica con la corriente. Tenía que quitar el refrigerador para encender la hornilla, porque se apagaban las lámparas; aun así, el voltaje era muy pobre, y los relojes eran conjuntos”, revela la presidenta del CDR 11.

“Hemos mejorado considerablemente. Ahora tengo todos los equipos necesarios conectados, y hasta el reloj en la propia casa, lo que nunca imaginé. Estoy muy contenta”.

Otro que no puede esconder su felicidad es Ernesto Zayas Collazo, el administrador de la bodega. Repite cada obra y cada frase con evidente gratitud.

“De entonces a la actualidad el cambio es notable. ¡Cómo no! Reconstruyeron el baño, con taza, lavamanos, piso, azulejos y puerta nuevos. Sustituyeron pisos, ventanas y puertas, y se pintó toda la unidad. Ahora tenemos alumbrado, que no había, instalaciones eléctricas, mostrador azulejado y una carnicería”.

Marlén Rodríguez Callao, la delegada de la circunscripción 36, luce más sensible al hablar de algunos de los primeros pobladores del Chalet, gente luchadora que estaría muy orgullosa de ver el nuevo semblante de su comunidad.

Nunca más se le cansará la vista a los vecinos de ver tanta tierra. El polvo que aún hace de las suyas sale, principalmente, de las obras nuevas, del parque erigido con dedicación y amor, y de las aceras.

“Se ha hecho realidad el sueño de muchos que quisieron ver transformado El Chalet”, sostiene y alude también al estadio de pelota, al futuro gimnasio biosaludable y al asfaltado de la calle principal (en lo adelante la acompañará otra vía: una como bajada y otra para subida).

Menciona el trabajo con Acueducto, “el más complicado”, y la labor de la Empresa Eléctrica, “que cambió postes, eliminó el bajo voltaje y colocó ocho lámparas para iluminar la calle principal.

“La población podrá comprar aquí mismo sus productos, con el punto de venta de Cimex ubicado junto a la bodega, la carnicería y la CNA.

“Además, identificamos a quienes no estaban vinculados con el estudio ni el trabajo, y logramos sumarlos. Hemos organizado talleres de mujeres creadoras, para impulsarlas a confeccionar: cojines, muñecas, artesanías… ¡cosas muy bonitas! y platos. Igualmente les han entregado recursos a madres de tres niños e incrementado varias chequeras”.

Foto: Otoniel Márquez

El Padrino contra lo feo

Mejoras en la comunidad. Foto: Otoniel Márquez

“En un lugar feo, con lomas de tierra y fango acumulado, justo en el centro de la comunidad, construimos un parquecito, con bancos y jardinería, donde los viejitos puedan hacer ejercicios y los muchachos jugar sin peligro”, señala Mijaíl García Rodríguez.

A este especialista principal de mantenimiento y reserva de la directora de la UEB Fábrica Fibrocemento de Artemisa, le correspondió directamente la singular tarea de apadrinar la comunidad desde octubre de 2021.

“El Chalet era un barrio en malas condiciones, en sus viales y el drenaje de las aguas. Cuando llovía, la corriente bajaba desde la zona de caña del Brillante y pasaba frente a las viviendas de la calle principal: el fango colorado se metía dentro de las casas hasta a diez centímetros de altura.

“Entonces, hicimos un canal para desviar el agua, y se mejoró todo el vial, con asfalto desde el cementerio hasta la calle Colón. Como la calle era muy estrecha, se abrió un vial nuevo, para tener uno de subida (va por la mitad, por problemas con el combustible) y otro de bajada.

“También solucionamos problemas en las redes hidráulicas. Un levantamiento arrojó que a 80 viviendas no les llegaba el agua, y ya casi el 60% la están recibiendo. Igual muchas casas tenían pisos de tierra; quedan solo cuatro, que en los próximos días han de quedar listas. Además, hemos vendido unos 1000 metros cuadrados de grey cerámico para azulejar baños y cocinas.

“Se fundieron las aceras de la escuela Marina Azcuy, hasta la entrada de El Chalet (un antiguo planteamiento de sus habitantes), así como la mayor parte en la calle principal; al terminar, continuaremos en las vías secundarias.

“Por supuesto, se restauró la casona que da nombre a la comunidad, con una acera alrededor. Y el nuevo punto de venta de Cimex dispone del teléfono para la conexión y las condiciones necesarias.

“La comunidad cuenta actualmente con un estadio rústico donde los muchachos juegan todos los días. Tienen un equipo que compite con otros del municipio… y hasta ganan”, asegura el padrino.

Por estos días Mijaíl García Rodríguez no se ocupa de fabricar tejas acanaladas u otro tipo de cubiertas en la UEB Fibrocemento, sino de transformar con mucho amor lo feo del Chalet de antes, para que nazca un nuevo Chalet más acorde a su nombre.

“La Empresa Eléctrica restructuró todas las líneas, hizo un trazado completo e instaló acometidas a quienes tenían tendederas. Y Etecsa instaló cuatro cabinas telefónicas próximas a la bodega.

“Ya elegimos el terreno y gestionamos las guarderas para un organopónico en proyecto, y en la propia UEB estamos fabricando las mazas para una guarapera. Seguimos trabajando. Persistimos en este empeño. Vale la pena ver a la gente tan contenta”.

Van quedando listas las aceras. Foto: Otoniel Márquez

Tenacidad, gratitud y una foto

Foto: Otoniel Márquez

El Chalet no se parecerá a los barrios ostentosos de La Habana. Muchos llegaron allí y levantaron las cuatro paredes que pudieron. Otros arrastran demasiados problemas o carencias. El Estado sí insistirá en procurarles una vida más digna, un entorno más agradable.

A María Teodora García, de 71 años, el ciclón Charlie le arrasó su endeble vivienda. Desde 2004 pernocta junto a su compañero Luis en un reducido espacio entre tablas maltrechas. Pero su “casa” está incluida entre las ocho con presupuesto asignado para construir o reparar este año, afirma Daymeris López Núñez, trabajadora social y coordinadora de tareas de la demarcación.

“Disponemos de un monto para el avituallamiento necesario, a esta y otras 51 familias atendidas por trabajo social. Y se les garantiza almuerzo gratuito en la CNA El Chalet”.

Zayda Concepción Fonseca es otra de las agradecidas. A ella y a su niña con discapacidad auditiva les han hecho un tremendo regalo. No quiero imaginar cuál sería la vista desde la segunda planta en que viven, meses atrás. Hoy le sonríe la mirada y hasta el pecho al ver el parquecito enfrente, desde el portal. Mas, no es todo.

“Gracias a la Revolución, tengo mi meseta vestida y mi baño casi listo también, porque de otra manera no hubiera podido. Me entregaron los 16 metros de losas a un precio módico, e incluso el cemento a 69 pesos el saco. Estamos muy agradecidos por estas transformaciones: el parque, la bodega, que ha quedado preciosa, las calles y aceras.

“El viernes 18 de marzo estábamos todos en los portales, y los carros de la visita del Secretariado del Comité Central pararon aquí, justo frente a mi casa.

“El Presidente recorrió el consultorio, la bodega… Cuando venía de regreso, antes de montarse en el carro levantó la mano para saludar al pueblo, y yo aproveché y le tiré una foto. Me da mucha alegría saber que él escogió nuestro barrio para visitarlo”.

Con similar orgullo hablan otros, felices, motivados, con esperanzas revividas. La obra no termina aún, y el propio Díaz-Canel alertó de no dejar nada inconcluso, de no subestimar la premisa de la participación popular, de escuchar qué desean hacer los jóvenes y los niños en su comunidad, de cuidar lo hecho.

Entonces pienso en cuánta razón suelen tener los niños. Quizás por eso Alejandrito se aferró a La Edad de Oro. Tal vez sabe que, aun sin palacios ni príncipes pero con tesón y amor, ya escribe sus mejores páginas

Diaz Canel en el Chalet, Artemisa.

Asfaltado de la carretera. Foto: Otoniel Márquez

Igualmente tendrán nuevas jardineras. Foto: Otoniel Márquez

de otra manera Zayda no hubiera podido terminar su casa. Foto: Otoniel Márquez

(CubaDebate)

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