Continuamos invictos, fortalecidos y dispuestos a continuar la obra de Fidel

EDITORIAL

El pueblo cubano orgulloso de su historia, escrita con sangre africana en el siglo 18, con intransigencia mambisa en la segunda mitad del 19 y con heroísmo clandestino, guerrillero y revolucionario desde la pasada centuria hasta el presente, celebra con júbilo un nuevo aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes protagonizado por la Generación del Centenario encabezada por Fidel Castro el 26 de julio de 1953.

A 69 años de aquella acción definitoria resuenan con brío renovado las ideas del Apóstol José Martí, junto a las del eterno Comandante en Jefe, frente al escenario más complejo atravesado por el país en los últimos decenios.

En el suelo patrio se combinan ahora mismo, de manera inédita, el impacto del recrudecimiento del injusto bloqueo comercial y financiero impuesto por el gobierno imperialista de Estados Unidos y de la crisis económica mundial agravada por el conflicto en Ucrania, las secuelas de la COVID-19 y la actual batalla contra el dengue, la caída de las principales fuentes de ingreso en divisas y la contingencia electroenergética, entre otros problemas de carácter material, que deben superarse de forma paulatina con la voluntad, la firmeza y la inteligencia de todos.

A estas dificultades se suman, de manera oportunista y desvergonzada, la incitación al odio y las campañas de desestabilización promovidas y financiadas por enemigos de la Revolución dentro y fuera de los Estados Unidos, en busca de encontrar respaldo en las insatisfacciones y falta de esperanza de algunos cubanos que en este archipiélago rebelde tienden a confundir la realidad con la falacia a partir de la propaganda capitalista y la anestesia en las redes sociales controladas por los monopolios de la comunicación neoliberal.

Ante semejante desafío, se levanta otra vez la palabra del Héroe Nacional cuando nos dijo que “en un pueblo no perdura, sino lo que nace de él, y no lo que se importa de otro pueblo”, y alertó que “los pueblos fuertes por una común conducta honrada no levantan con sus manos ambiciones pequeñas y mezquinas, abren antes los brazos a salvadoras y fértiles ideas.”

Esos postulados, promovidos hoy por el Partido Comunista y el Gobierno encabezados por el Primer Secretario y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, son las mismas que proclamaron el líder eterno de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz y sus compañeros de lucha en la epopeya del 26 de Julio cuando expusieron la vida en defensa de los derechos de libertad, independencia, humanismo y justicia social para todos sus compatriotas, sin distinción alguna.

¡Hoy más que nunca, con la efeméride rojinegra como bandera eterna de combate, debe acompañarnos la convicción de que saldremos adelante con la misma resistencia, valor y espíritu de victoria demostrados por los combatientes que asaltaron los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes!

Cuando muchos proclamaban el fracaso de aquella acción, la memoria y firmeza de un pueblo digno, el amor de sus mejores hijos y la confianza en el futuro lo convirtieron en motor impulsor de nuevas conquistas, en cuya defensa no han faltado, desde 1959 hasta el presente, peligros colosales como la creación de bandas contrarrevolucionarias, la agresión mercenaria por Playa Girón, la Crisis de Octubre, la administración de Ronald Reagan, la caída del campo socialista y el Periodo Especial, entre otras.

De cada una de esas y de otras amenazas y circunstancias adversas, salimos invictos, fortalecidos y dispuestos a continuar la obra de solidaridad humana iniciada por los mambises y materializada un siglo después por Fidel y la Generación del Centenario.

Frente a los retos actuales, serán una vez más la salud y la independencia de la Patria los motivos supremos para mantener la unidad y concretar esfuerzos extraordinarios a favor del crecimiento económico, para salvaguardar el sistema político y social que nos ampara como el mejor tributo a los caídos en la gesta moncadista de 1953.

¡En nombre de la verdad, de la justicia y de todo lo sagrado que nos protege y nos acompaña: gloria eterna a los héroes y mártires de aquella mañana de la Santa Ana!

¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

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