Termoeléctrica de Cienfuegos: Arriba de la avería

Termoeléctrica de Cienfuegos: Arriba de la avería

La Habana, 28 jul.- Suena el eyector. En una central termoeléctrica dicen que lo ideal es que ni se sienta. Mientras no está puesto –explica Jorge Félix Sosa Beltrán, ingeniero mecánico de 26 años– el ciclo es lo más eficiente posible. Pero son las diez de la mañana del miércoles 13 de julio y el eyector de arranque está sonando. Algo pasa.

El ruido obliga a ponerse orejeras como medida de seguridad. Según la Organización Mundial de la Salud el oído humano puede tolerar hasta 55 decibeles, pero en la base de la caldera hay 108 y una sensación térmica por encima de los 31ºC.

La mole metálica hace como si tragara a estos novatos de termoeléctrica, finge que nos quema la piel mientras subimos la estrecha escalera hasta la sala de control, y luego nos escupe al aire libre, justo al lado de la turbina y el generador. La Central Termoeléctrica (CTE) “Carlos Manuel de Céspedes”, de Cienfuegos, lo deja claro desde el inicio: este no es lugar para intrusos.

Quizás por eso, el director de la instalación, Yeranis Zurita García, no nos deja solos, y nos da cascos, orejeras y botas, y va delante siempre. Hay carteles de peligro y alerta por todos lados. Porque no es lugar para intrusos somos los únicos aquí que no entendemos lo que significa el ruido del eyector. Cuenta Jorge Félix que, cuando suena, es señal de problemas en el sistema de limpieza del condensador. Entonces se activa para mantener los parámetros de generación.

El condensador –explica Ricardo Leyras Der, especialista principal de producción– es un equipo por el que circula agua de mar y vapor. Cada cierto tiempo hay que limpiarlo porque se tupe con microorganismos que llegan de la bahía.

Ricardo Leyras Der, especialista principal de producción. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

“Hay un sistema de limpieza continuo del condensador, pero en la unidad no trabaja bien porque tiene dificultades técnicas. Estuvimos un tiempo que nos afectaban los mejillones que venían en esa agua de mar, y ahora tenemos unas algas que le decimos ‘espaguetis’ por su forma.

“Esos microorganismos se meten dentro porque se cuelan por la reja del canal de entrada y se crían aquí. Cuando mueren se desprenden, los coge las bombas de circulación, los mete aquí y ahí mismo se forma el rollo”, comenta mientras esboza en una hoja cómo funciona el proceso.

En la sala de control pocos se levantan de sus sillas. Desde allí se dirige minuciosamente la operación que dos trabajadores hacen en el condensador, cuya temperatura interna supera los 50ºC.

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Yeranis Zurita García, director general de la CTE de Cienfuegos. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Desde el área donde se ubican la turbina y el generador y se ven más cerca los tubos de agua que forman la caldera de la unidad cuatro, el director de la empresa, Yeranis Zurita García, resume en dos minutos un proceso que funciona veinticuatro horas todos los días:

“En la caldera se genera el vapor, la energía cinética que trae ese vapor la turbina la convierte en energía mecánica rotativa y es la que le pasa al generador. Allí esa energía mecánica se convierte en energía eléctrica y a través de un transformador principal se inyecta al sistema. La salida del generador tiene 17 000 V y el transformador la eleva a 220 000 V, en el caso de la unidad cuatro, y la manda a la subestación. La unidad tres es similar, pero el transformador es a 110 000 V”.

Al centro de la mole metálica sobresale una chimenea rojiblanca común para las dos unidades. Tanto la tres como la cuatro generan 158 megawatts (MW) para un total de 316 MW. Jorge Félix acota una verdad de perogrullo para todos los trabajadores de la termoeléctrica de Cienfuegos: “Nosotros no estamos acostumbrados a que nuestras unidades estén detenidas”.

Jorge Félix Sosa Beltrán, ingeniero mecánico. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

–¿Cómo se dan cuenta que alguna salió de servicio?

–Por el sonido. El que está acostumbrado a trabajar aquí sabe que una unidad está detenida en cuanto entra por la puerta.

–¿Desde tu casa se ve la termoeléctrica?

–Sí.

–¿A la distancia puedes percibir si hay algún problema en la planta?

–Yo me entero al momento. La termoeléctrica se oye en mi casa, y cuando es de noche, más. A veces yo digo “paró el eyector”, “¿qué pasó ahí?”. A veces siento el ruido y me paro en el techo de la casa a mirar.

Desde que Jorge Félix Sosa Beltrán se graduó de Ingeniería Mecánica en 2019 trabaja en la CTE “Carlos Manuel de Céspedes”, una de las más estables de Cuba. Como especialista B en mantenimiento industrial atiende las averías que se detecten en cualquiera de las dos unidades.

Puede estar un domingo de descanso y que el teléfono le suene a las 2:40 de la tarde. Una llamada de la planta, y que en menos de una hora un carro de la empresa lo recoja. “No hay madrugadas, noches, fines de semana”, dice. Es el axioma de este lugar y, de la puerta de seguridad hacia adentro, todos lo asumen: no hay horarios.

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CTE Carlos Manuel de Céspedes, en Cienfuegos. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

A sus 72 años, Anastasio Suárez Águila lo dice como si tuviera 19 otra vez y acabara de entrar a la termoeléctrica: “Muchas madrugadas, muchos sábados, domingos, muchos carnavales; los mantenimientos son veinticuatro horas”.

Mientras repasa la historia de la termoeléctrica, de lo que fue en sus inicios a lo que es hoy, Anastasio recuerda con precisión cada fecha y pocos detalles se le escapan. No olvida, por ejemplo, el 14 de enero de 1969 cuando comenzó en la planta como mecánico en el taller de maquinado. Ni que, en ese momento, una de las unidades checas estaba en proceso de arranque y la otra en terminación. Ni que se llamaba “Dionisio San Román” una pequeña unidad americana de 1949.

“Todavía estaban la unidad uno y dos, que eran checas, luego se desactivaron por tiempo de duración, eran mucho más viejas. La unidad tres que tenemos actualmente tiene 45 años de explotación, y la cuatro tiene 46”.

Desde 1980, Anastasio trabaja en los grupos de piezas de repuesto que se formaron en la Unión Eléctrica. En el taller de maquinado de la CTE –dice– ellos se encargan de hacer algunas piezas. Añade que, “en la base central de reparaciones, se fabrican para el país los serpentines de la caldera con elementos importados”.

Anastasio Suárez Águila trabaja hace 53 años en la termoeléctrica de Cienfuegos. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

A continuación cuenta que, cuando alguna unidad está parada, su equipo trabaja de conjunto con una brigada de la Empresa de Mantenimiento de Centrales Eléctricas (EMCE), y que el ajetreo es constante.

–¿Cuando el humo sale de la termoeléctrica es una buena señal?

–Lo del humo es un problema de la combustión.

–¿No indica que la termoeléctrica arrancó?

–Sí, indica que la planta está generando, y en la chimenea y en las válvulas de seguridad que se ve que sale vapor. Siempre que está funcionando hay humo porque sale el residuo de la combustión.

–En los días que llevamos en Cienfuegos hemos visto que hay apagones de seis horas diarias. A ustedes también los afecta…

–Figúrate, como cubano al fin… A lo mejor nosotros lo comprendemos mejor que las demás personas. Uno sabe que es real, no porque nadie quiere apagones ni porque no se esté trabajando. Hay que llegar aquí a las tres de la mañana y ver a compañeros dentro de la caldera, y llegas a las cuatro de la tarde y a las 12 de la noche. Ahí están trabajando. Los que estamos aquí sabemos que es así.

–Anastasio, ¿y qué lo ha hecho mantenerse trabajando aquí durante 53 años?

–Es una buena pregunta. Porque me gusta el trabajo, yo me he ido superando y a quien le gusta la mecánica aquí siempre tú tienes algo nuevo que realizar y solucionar. Siempre he vivido motivado con eso y me siento útil.

Le pregunto por momentos tensos, y Anastasio deja escapar una sonrisa casi imperceptible que me adelanta lo que está a punto de responder. “Ahora todos los momentos son tensos por las limitaciones que existen”, dice y añade que, cuando ocurre alguna avería, se trabaja lo más rápido posible para afectar menos al sistema.

“Aquí se da mantenimiento con la máquina trabajando y con la máquina parada”. Mientras Anastasio dice esto, dos operarios limpian el condensador bajo una temperatura de 52ºC.

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La termoeléctrica de Cienfuegos es una de las más estables del país. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

–Separen los gases –ordena Lázaro desde la sala de control. En los segundos que demora en abrir y cerrarse la puerta, a Lázaro se le oye la voz con intermitencia. Solo alcanzo a escucharle eso: “separen los gases”.

Desde afuera, mediante un cristal, se ve un grupo de operarios, jefes, mecánicos, de frente a los televisores. Al centro, un reloj. Son las 10:20 de la mañana. En las pantallas se leen parámetros como rango de potencia, frecuencia generador, sistema combustible. Hay otros que son como códigos, entre letras y números. En la parte superior de uno de los televisores está el nombre de Lázaro Aguiar.

Dicen que aquí adentro siempre hay estrés, más si sucede como ahora, que hay problemas en el vacío del condensador y dos trabajadores junto al equipo de la sala de control se concentran en estabilizar la carga. La máquina trabaja a 86 MW. Si todo sale bien podrá elevarse a 100 MW de generación.

No se escucha nada. La puerta se cierra.

El operario Lázaro Aguiar Armenteros no se levanta del asiento. Tiene la vista y los sentidos sobre la pantalla frente a él. Lleva más de 32 años trabajando en la sala de control, pero la experiencia no lo es todo en estos casos. Se precisa un alto nivel de concentración, de toma de decisiones, de no errar.

Unidad tres y cuatro de la central termoeléctrica de Cienfuegos. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

A las 12:38 del mediodía sale al área contigua a la sala de control, donde lo esperamos, se disculpa mientras comenta la operación que ha estado dirigiendo toda la mañana:

–El corazón de la planta es el condensador, ahí se genera todo el vapor, la producción de megawatts.

–Tiene que estar al kilo.

–Al kilo, al ciento por ciento.

Sin embargo, dice, a las unidades no se les da el mantenimiento que llevan, por lo que cada operación se torna más complicada.

“Hay mucha inestabilidad de parámetros, estamos trabajando con parámetros que no son acordes al sistema de la planta. Hay que estar con los ojos bien abiertos. Un error de nosotros y se va la planta del aire”.

–Y los apagones…

–Con los apagones como consecuencia. Pero eso no depende de nosotros, sino de los mantenimientos que necesitan las unidades. Y les digo, ya las unidades están para pararlas y darles un mantenimiento de 90 días, pero no se ha podido hacer por ayudar al pueblo y tratar de afectarlo lo menos posible. Pero estamos trabajando con un estrés exclusivo. Yo sé que hay apagones, pero si damos mantenimiento subimos más carga y le aportamos más a la gente.

–Es salir de una avería para entrar en otra.

–Sí, hay que darle seguimiento y no violar los mantenimientos. Yo insisto en eso. Si no atendemos esas unidades, imagínate.

Lázaro Aguiar Armenteros trabaja en la empresa desde 1983. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

En la sala de control, los operarios trabajan por dúos de doce horas, de ocho a ocho. Un turno en la mañana y otro de madrugada. Lo ideal sería llegar a la casa, reponer energías para enfrentar otra vez, con todos los sentidos, un trabajo que transversaliza la vida de un país. Pero no es así.

“Yo he salido de una madrugada de trabajo y llego a mi casa sin corriente. No puedo dormir. Lo sufro igual”.

Si a Lázaro se le ve dirigir la sala de control de una central termoeléctrica como la “Carlos Manuel de Céspedes”, con la maestría de los años, nadie creería que en sus días de descanso se vea obligado a seguir trabajando. Y dirigir entonces un coche de caballos como medio de transporte –¿o medio de subsistencia?– para mantener a su familia. Solo con la termoeléctrica no puede. El salario de quienes generan la electricidad en Cuba está por debajo de la media del país, y los operadores “emigran” a otros centros laborales.

Si a Lázaro se le ve aún en la sala de control, tomando decisiones que inciden en la estabilidad de esta termoeléctrica, y si sigue allí desde hace casi 40 años, es porque le apasiona lo que hace.

En eso coinciden Jorge Félix y Anastasio. En eso, y en las razones por las que la “Carlos Manuel de Céspedes” sea una de las CTE más estables del país. Si se les pregunta los porqués, esto dicen:

Jorge Félix: “Se debe a la dirección de la planta y el colectivo de trabajo que siempre está arriba de la avería, tratando de solucionarla en el menor tiempo posible, a veces no tenemos los recursos y tenemos que innovar”.

Lázaro: “La unidad de los operadores y la dirección de la planta”.

Anastasio: “Bueno, chico, como yo he vivido aquí toda la vida, creo que se debe al amor que se le tiene al trabajo aquí y a la disciplina porque el mantenimiento necesita eso, disciplina”.

Subestación en la termoeléctrica cienfueguera. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Antes de despedirse, Lázaro Aguiar dice que los operarios tienen tres cosas buenas:

–Olfato, oído y tacto. Uno huele los salideros de combustible, de gases; siente las vibraciones o cuando se dispara la máquina; y con las manos detectamos averías rápidamente.

Da un toque en la mesa, dice que ojalá esta entrevista alguien la escuche o lea, y vuelve a la sala de control.

En el condensador solo se concluye la mitad del trabajo. La alta temperatura del agua de mar impide seguir. En la madrugada hay que volver a entrar.

En la termoeléctrica de Cienfuegos no se detiene el trabajo. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

(CubaDebate)

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