Con la furia de llegar más allá

7_yipsiCamagüey, feb 18._ Yipsi Moreno le cuesta contar sus glorias. Y no solo porque la modestia constituya prácticamente su segunda naturaleza. Incluso si se empeñara en acopiar fechas, catalogar medallas… la memoria tendría que hacer prodigios para resumir la larga historia de triunfos que ha representado su carrera deportiva.

Quizá solo ella era capaz de imaginar a dónde llegaría, cuando en 1997 se proclamó campeona en los Panamericanos Juveniles de La Habana.

Un año después, la cuarta posición en el Campeonato Junior de Annecy, en Francia, la confirmó como una de las figuras más prometedoras del lanzamiento del martillo para damas en el mundo. Había nacido la “Furia de Agramonte”.

—Al hablar del atletismo cubano en las últimas décadas resulta imprescindible mencionarte. ¿Te sorprende que así sea?

—El deporte ha sido mucho para mí. Gracias a él viví momentos muy lindos, que voy a atesorar por siempre. Sin embargo, no te puedo decir que me sorprendiera por completo. Todo lo que logré fue resultado de innumerables horas de entrenamiento, de privaciones y sacrificios. Si se quiere triunfar no se puede escatimar en cuanto a dedicación. Es verdad que cuando compites lo haces sola, pero tienes en ti muchos compromisos, contigo misma y con quienes te apoyan. No los puedes defraudar.

“Por eso siento que no me debo nada, pese a que algunos me reprochan el no haber ganado un título olímpico. No me lo recrimino porque di todo de mí. Cuando se tiene esa certeza, solo queda espacio para la satisfacción”.

—En tu expediente sobresalen tres coronas mundiales y dos platas olímpicas, además de una amplísima cosecha en lides regionales y otros certámenes. ¿Cuánto cambió Yipsi entre la Olimpíada de Sydney y el Mundial de Moscú?

—En Sydney demostré que pertenecía a la elite, fuera cual fuera el evento. En aquella ocasión quedé cuarta (68.33 metros), pero batallé y sentí que había hecho un buen papel. Lo mismo puedo decirte de Moscú. Una y otra competencias marcaron mi desempeño, mi paso por los escenarios del martillo, a pesar de que entre ambas mediaron más de diez años.

“Desde antes de llegar a Moscú sabía que iba a ser una prueba difícil por el nivel que tiene la disciplina hoy, pero una siempre quiere más. Es cierto que estuve muy inexacta en la salida del martillo, pero cuando hizo falta logré lo mejor de mi temporada (74.16 m). Quedé sexta, y si bien no era todo lo que quería, tampoco siento tristeza. Di lo mejor”.

—Según anunciaste, Veracruz será tu última cita con el deporte activo.

—Fue el presidente del INDER, Cristian Jiménez, quien me propuso asistir a los Centroamericanos, aprovechando que estoy en la etapa de desentrenamiento y que Cuba puede inscribir dos representantes por especialidad.

“Es una buena oportunidad para despedirme de la afición y ayudar en el tránsito de las muchachitas que se preparan para asumir el relevo. Veracruz será mi adiós como atleta de alto rendimiento; pero te aclaro, no me alejaré del deporte”.

—¿Y ahora?

—Es como empezar otra vida. Tengo tantos planes que no sé si me alcance el tiempo. Estoy estudiando una maestría, inglés, preparándome como entrenadora, y tratando de recuperar todos los momentos que no pude compartir con mi niño Abdelito y mi familia.

“No te digo que sea desconectarme, dejar atrás tantos años, pero se trata de otra etapa. De todas formas yo voy a ser Yipsi siempre. Incluso a veces me he sorprendido a mí misma oscilando la cartera, como en los gestos con que buscaba concentración antes de las competencias. La Yipsi competidora va a estar conmigo siempre”.

—Cerraste el 2013 como la mejor atleta femenina de la provincia, una condición que has merecido en varias ocasiones. ¿Cuán importantes te resultan los reconocimientos que recibes en Camagüey?

—Fue algo muy lindo para el final de mi carrera. Siento orgullo doble por ese reconocimiento, porque amo a Camagüey y porque posiblemente sea la última vez que me escojan para este galardón.

“Un homenaje de Camagüey lo siento también como de todos los que hicieron posible mis triunfos. Sin mi mamá o sin Argelio Flores y Raúl Abreu, mis primeros entrenadores, nunca hubiera llegado a nada. Ellos, mis profes de La Habana, Norbis Balantén y Eladio Hernández, y mi esposo, que también me ha acompañado como fisioterapeuta, han sido fundamentales en estos 15 años. Cada vez que salgo a competir, lo hago por ellos y por Cuba”, dijo vía telefónica desde su casa en el reparto Kohly, municipio de Playa, en La Habana.Adelante

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